Oh I'm just counting

Cómo somos los chilenos frente al sexo: mucho ruido y pocas nueces

Por Guillermo Arellano
 
 
Llama la atención que en pleno siglo XXI y en época de apertura social y política respecto a nuevas tendencias y leyes que van dirigidas al empoderamiento de la mujer, al matrimonio igualitario y la identidad de género pase tan inadvertido un tema que es muy importante para la especie humana, como lo es el sexo.
 
Simple pregunta para el lector: ¿habla de sexualidad en su trabajo, en la hora de almuerzo, con su familia, con sus hijos o los amigos, por cierto, más allá de narrar alguna experiencia con alguna pareja o referirse de manera libidinosa a la persona que le gusta?
 
Chris Rock, genio de la comedia en Estados Unidos, señaló con naturalidad -en un show en Netflix- que después de su separación abrió una cuenta en Tinder, la popular aplicación para Smartphones, con foto y perfil reales, en la que espera conocer a nuevas conquistas.
 
En ese mismo estilo, los exponentes del “stand up” chilenos, además de diversos escritores jóvenes, narran historias “de catre” propias y ajenas, mientras que con candidez el humorista Bombo Fica -en el pasado Festival de Viña- contó un chiste basado en una cita a ciegas con concertó en Badoo.com, donde habló de las fotos falsas que subió y el tono “hot” de las conversaciones que se dan en ese portal.
 
Otra consulta: ¿usted es de los clásicos que antes de intimar invita a tomar café, cenar y bailar primero o ya se actualizó e invita a beber un par de copas previo al encuentro en el “ring de cuatro perillas” sin tanto preámbulo?
 
Sea cual sea la forma, el momento y el lugar, los chilenos creemos que nos gusta tener sexo, que somos buenos para tirar y que incluso nos protegemos adecuadamente para aquello.
 
Prueba de ello es la Tercera Encuesta de Calidad de Vida y Salud (Encavi) 2015-2016, que entregó el Ministerio de Salud a inicios de marzo y que consideró más de 7.000 entrevistas en 164 comunas del país. Uno de sus ítems fue la “Vida Sexual”, el que consideró cuatro secciones: edad de primera relación sexual, embarazo no planificado, uso del preservativo y qué tan bien se siente con su vida sexual.
 
 
Acá es necesario detenerse, porque nuestros compatriotas le pusieron como nota promedio un 5,7 a sus relaciones sexuales, lo que a juicio de los expertos son números inflados que responden más a un “sesgo de deseo social” que a la dura realidad.
 
Tan cachiporra somos, que de acuerdo a la encuesta Adimark -publicada en octubre de 2017- el 39% de los chilenos le fue infiel a su pareja (casi 4 de 10), de los cuales el 46% son hombres y el 30% son mujeres. Ojo que el 77% prefiere hacerlo en la noche y el 16% en la mañana, el 54% de los mayores de edad ocupó condón (26%) o pastillas anticonceptivas (16%) y la edad promedio de la “primera vez” fue a los 17 años y 4 meses.
 
Los datos son curiosos, toda vez que según cifras entregadas por el Minsal en 2017, 22.349 jóvenes quedaron embarazadas durante 2016, siendo 678 menores de 14 años. Hace 55 años las mujeres perdían la virginidad a los 24 años, hoy es a los 16.
 
Reprimidos o hiperexpuestos
 
Más allá de cifras que podrían considerarse como poco claras en lo metodológico, por tratarse de sondeos telefónicos, la médica sexóloga de la Escuela Transdisciplinaria de Sexualidad, Magdalena Rivera, comentó que lo que abunda hoy es la “diversidad”.
 
“Tenemos gente liberal, conservadora, que disfruta mucho o que lo ha pasado muy mal en su vida sexual, donde es bastante transversal el que sea tabú hablar de sexualidad y de los problemas, dado que a las personas les cuesta consultar”, declaró a Cambio21.
 
Débora Solís, directora ejecutiva de la Asociación Chilena de Protección de la Familia (Aprofa), aseguró que “Chile es un país bastante atrasado en materias de sexualidad, tanto en el tema de la educación sexual (los estudiantes sea cual sea el nivel no tienen acceso a este tipo de contenidos), como en lo que son los derechos reproductivos, en comparación con otros países del mundo. Prueba de ello es que somos uno de los últimos países que aprobó el aborto en tres causales bastante restringidas (riesgo de vida de la madre, feto inviable y violación)”.
 
“Hablamos poco de sexualidad, que se tiene escasamente incorporado en nuestra cotidianidad, pero que tiene una práctica bastante disociada en relación con lo que se piensa. Decimos una cosa y hacemos otra”, indicó para esta crónica.
 
Dasna Dukes, psicóloga y sexóloga del Centro Chileno de Sexualidad, añade “todo lo que es la enseñanza durante la infancia, que son los valores religiosos, ideológicos y culturales, y lo que ocurre en la casa entre los padres, que es el no acercamiento de ellos, donde hay papás que no se tocan las manos ni se besan delante de los hijos”.
 
“También hay una exposición a sexualidad muy explícita, con gente que no cuida de su intimidad y expone a los hijos a todo lo que sucede dentro de la pareja. Son dos polos que cohíben la sexualidad o pueden generan una hipersexualización y problemas de prostitución, adicción a la pornografía, etc.”, nos manifestó.
 
Machos y hembras angustiados
 
Consultado por este medio, el psiquiatra León Cohen expresó que “la sexualidad no es algo natural e implica toda una experiencia humana que no solamente depende de factores biológicos, sino que del desarrollo del tipo de personalidad y de la cultura respectiva”.
 
Y en este contexto, lo que existe hoy es “la activación de las funciones femeninas en el mundo del varón, factor que está jugando un rol importante en la sexualidad en occidente y en Chile, sobre todo de las generaciones más jóvenes. Y eso tiene que ver con el desarrollo que han tenido las mujeres -si se compara con el inicio del siglo XX- no solo en la maternidad, sino que a nivel de las relaciones de pareja, del hogar, de la sociedad y de los trabajos”.
 
“Los cambios son notorios en las dinámicas de las relaciones sexuales. La seducción, el coqueteo y el vínculo con el poder machista han ido quedando a un lado. La manifestación del deseo sexual ha quedado patente y explícita en las mujeres, lo que implica una serie de desafíos, responsabilidades y ansiedades en los varones. La ansiedad crea como efectos la inhibición del deseo sexual y la eyaculación precoz. Y esas son dificultades cuantitativas que afectan la frecuencia de las relaciones sexuales”, explicó.
 
“Antes eran encuentros más machistas, más breves y más directos. Ahora son más completos y consideran a las mujeres como un todo y no solamente como un mero receptáculo. La sexualidad rápida no es algo a lo que las mujeres estén disponibles en este momento”, insistió.
 
Natalia Guerrero, psicóloga y sexóloga de la Escuela Transdisciplinaria de Sexualidad, dice que “los hombres sí hablan de sexo, pero no cuando tienen alguna dificultad para la erección o un encuentro no muy placentero para ellos o sus parejas. Y eso hace que en el grupo, de manera generalizada, se piense que a todos les va bien”.
 
“Aproximadamente uno de cada tres hombres tiene problemas de eyaculación precoz, aunque la mayor parte de quienes consultan por esto creen que es algo que solo les pasa a ellos. Lo otro es que frente a una dificultad en la erección, que si se mira analíticamente es más que comprensible ante una situación de miedo, pena, duelo o lo que fuera, se contrapone al discurso que dice que el hombre siempre tiene ganas y erecciones. El drama es que cuando no hay una erección se achacan tanto que se sobremedican sin analizar que puede haber un motivo entendible”, detalló.
 
“Las conversaciones sobre erección y la eyaculación son muy exitistas. Como si todos fueran súper héroes o mega artistas porno. Cada vez tenemos más jóvenes que ve como su forma de vivir la sexualidad no calza con los estereotipos. Lo mismo que las chiquillas, que sufren porque sus orgasmos y las frecuencias de las relaciones sexuales no son como dice la revista de moda sobre la ‘súper mamá’ que debe ser trabajadora y además tener tres orgasmos en el día. Hay hartas presiones externas que hacen que la forma de vivir la sexualidad es incorrecta”, aclaró.
 
Todo vale
 
¿La masturbación para los hombres no tiene edad? ¿Vivan los juguetes sexuales si la demanda de las mujeres por placer es harta y no hay correspondencia?
 
“Un niño en edad púber o prepúber es normal y natural que se conozca a sí mismo, así como la menstruación, lo que debe ser permitido por los papás sin tener sentimientos de culpa”, contesta Dasna Dukes.
 
“En la vida adulta se replican cosas de la sexualidad infantil. Yo sé efectivamente que hay mujeres de 50 años y hombres de 60 que todavía son unos cabros chicos respecto a estos temas y que casi le hacen el agujerito a la sábana para tener relaciones. Hay parejas que nunca han tenido sexo oral o que siempre la mujer ejerció una posición sumisa y más complaciente hacia el hombre, por lo que nunca ha explorado su capacidad orgásmica. Entonces, eso se va a repetir a los 20, 30, 50 o 60 años. Es como un patrón de relacionamiento y un cableado del cerebro hasta que haya un cambio estructural”, ahondó.
 
¿La pornografía sigue vigente para mantener vivo el fuego o encenderlo a más corta edad vía WhatsApp? Natalia Guerrero afirma que el triple X “fue y es una fuente de educación sexual informal”, incluso para pacientes con eyaculación precoz, “a los que les dicen equivocadamente que no ven más películas, porque eso genera más ansiedad y menos desempeño sexual”.
 
“Lo que se necesita es que los que vean porno entiendan que eso es una producción cinematográfica, que hay una edición detrás y que existe medicación y entrenamiento para estar media hora en una penetración. Es ficción”, criticó.
 
Placer a toda costa y hedonismo parece ser la consigna, aunque de acuerdo a Magdalena Rivera “importa mucho el respeto a los derechos sexuales del otro como valor. Cuando se trabaja de manera afectiva y se vincula trabajar el placer, eso no nos conduce al individualismo, nos lleva al cuidado del otro y a conectarse”.
 
Raya para la suma: no es llegar y darle no más. Menos ahora.
 
Enemigos del condón
 
“Han aumentado las Enfermedades de Transmisión Sexual y de contagio de VIH (Sida) en dos grupos de la población: jóvenes y mujeres”, advierte Débora Solís de Aprofa.
 
En el primer caso, “esto ocurre independiente a la orientación sexual de la persona”, donde los adolescentes “no tienen la información respecto a los síntomas del mal y llegar tarde a los servicios de salud”.
 
En el segundo “sucede lo mismo”, dado que “hay un grupo de la población que es homosexual que se mantiene en el nivel de contagio, pero con un aumento de la población heterosexual, también por desinformación y porque los jóvenes empiezan a asumir prácticas sexuales bastante riesgosas con la lógica de la prevención del embarazo, por ejemplo, con el sexo anal y sin condón”.
 
“Tenemos problemas estructurales respecto al uso del preservativo masculino. Se trata del supuesto que dice que todo el mundo conoce el condón y sabe cómo usarlo. Lo que nosotros hemos ido develando como un mito. Los jóvenes no saben cómo usarlo y no siempre saben que están en disposición gratuita en los servicios de salud, porque van poco. Tratan de comprarlos. Y ahí se encuentran con otra barrera: Chile es uno de los países de Latinoamérica y el Caribe con los métodos anticonceptivos son los más caros de la región. Por eso que no está fácil vivir una sexualidad plena”, expuso.