Oh I'm just counting

Editorial de Cambio21: Lo que está en juego en la elección presidencial y parlamentaria

Este domingo la ciudadanía elige a parlamentarios, Consejeros Regionales (Cores) y quienes pasan a la 2ª vuelta presidencial. No es cualquiera elección. La actual administración con su agenda reformista ha movido los límites de lo posible y la ciudadanía deberá optar si tienen continuidad y se perfeccionan las reformas que la centroizquierda ha realizado estos años o apoya la agenda contra reformista que ha propuesto el candidato derechista Piñera.

Lo relevante es que sea una representación masiva de la ciudadanía la que concurra a las urnas para que tengan alta legitimidad social los representantes ciudadanos que sean electos. Sería una mala noticia para la democracia y su desarrollo futuro que persistiera una baja participación ciudadana como ocurrió en las elecciones municipales del 2016 donde sólo un 35% del electorado eligió a los gobiernos locales.
 
El desarrollo futuro requiere un sustantivo aumento de la participación ciudadana este domingo. Un orden social legitimado requiere que la participación ciudadana oscile entre 50% al 60%; porcentajes inferiores revelaran una precariedad democrática que claramente impactará en nuestras posibilidades de desarrollo.
 
En especial porque en estas elecciones debemos elegir representantes de la voluntad ciudadana que implementen nuevas políticas que nos encaminen hacia un desarrollo más inclusivo y equitativo, con un tipo de crecimiento económico más diversificado, sustentable ambientalmente y basado en mayor dosis de innovación.
 
Chile debe optar por esta vía más inclusiva, más tolerante, con matriz productiva más sofisticada y con bienes públicos de calidad que generen más igualdad de oportunidades o vuelve –apoyando a Piñera- a una sociedad más individualista, más desigual, con un crecimiento altamente dependiente del cobre y de la especulación financiera donde lo relevante pareciera ser rebajar impuestos al 1% más rico y darle trato preferente a la inversión privada.
 
Si sólo va a votar un 40% de la ciudadanía, donde sobresale la mayor participación cívica en las comunas de altos ingresos probablemente gane la derecha más conservadora, lo que sería un fracaso para la centroizquierda que no fue capaz de movilizar a su electorado de sectores medios y populares.
Si persiste esa baja participación ciudadana habrá tenido éxito la estrategia de despolitización de la sociedad y de la campaña del terror de estos últimos tres años donde se vendió la tesis de que el país “se frenó y se cae a pedazos” producto de las reformas sociales.
 
La centroizquierda debe poner su foco en movilizar al electorado de clase media y mundo popular sobre la base de un relato donde es posible avanzar en progreso económico y a la vez se puede construir más equidad social.
 
Hoy puede mostrar que la economía se está recuperando –perspectivas de crecimiento 2018 llegan al 3% al 3,5%-. Este mejor escenario económico desmiente la campaña del terror de esa derecha de que Chile se estancó y eso era producto de las reformas, en especial la Tributaria y la Laboral. Esta recuperación demuestra que se puede construir un país más inclusivo, donde el 1% más rico pague más impuestos y a la vez seguir creciendo con una base productiva más diversificada.
 
Ese diálogo sobre como crecer en el futuro sin depender del cobre, cuales son los nuevos motores del crecimiento, que rol juega la urgente necesidad de invertir en Innovación y Emprendimiento son materias que debieran cautivar la atención de estos nuevos electorados.
 
También en las elecciones se definirá si viviremos en un Chile más tolerante o respetuoso de las libertades públicas donde las mujeres no sean castigadas por interrumpir su embarazo en las 3 causales legisladas o las parejas del mismo sexo puedan acceder al matrimonio o se impone el conservadurismo que bloquea la posibilidad de legislar sobre estos temas.
 
Estas elecciones son las más importantes para Chile desde la vivida en diciembre del 89’ pero la paradoja es que hay un porcentaje importante de la ciudadanía que desconfía de la actividad política y de las instituciones, lo que puede ser un obstáculo para el desarrollo futuro.
 
En democracia somos todos iguales, el voto vale lo mismo para todos/as y no depende de los ingresos, ni nivel cultural ni posición social.
 
Es hora que reactivemos nuestra vocación solidaria y recuperemos para Chile la participación cívica como sustrato básico de un país que quiere progresar.
No te restes, súmate a votar este domingo.