La lección del Profesor Rossa: “De alguna manera todos somos hueones"

Hasta Piñera intentó convencerlo para ser candidato a alcalde. Por ahora, el humor es su pastor y nada la falta. Por LUIS CASANOVA R.

Según Iván Arenas (66), a la gente todavía le cuesta asumir la transición que hubo entre el Profesor Rossa, personaje de programas educativos que lo inmortalizó en la TV, y el fulminante contador de chistes sin censura que lo tiene animando shows y sumando visitas en YouTube.
 
De buena vida y poca vergüenza, este rancagüino de corazón nos hace entender que más que prometer hay que cumplir y más que hablar hay que hacer. Como si fuera tan fácil.
 
Malos para preguntar
 
- El espectáculo que acaba de presentar se llama “No falta el hueón”.
- Sí (ríe). Nace de una pregunta que se me hizo en la clínica cuando me dio el último infarto. Llegué con un ritmo cardíaco muy alto y el médico me dijo que me iba a tratar con una angioplastía, porque tenía una vena tapá. Llevo cuatro. En fin, estaba en una camilla con tubos en la nariz, inyecciones, suero y toda la parafernalia y entra un enfermero, que me dice: “qué anda haciendo aquí Profesor Rossa”… entonces yo le digo: “ando comprando empanadas, hueón” (ríe). Es que la pregunta la encontré tan hueona. Ahí yo pensé: “aquí está”.
 
- Es que nos pasamos haciendo preguntas hueonas.
- Por eso comencé a coleccionar preguntas hueonas que hacemos, tú, yo, todos. Es como cuando alguien se cae y le decimos: “¿te caíste?”. “No, hueón, me gusta tirarme al suelo”. Es ridículo. Hace no mucho, mi señora me dice: “¿se está duchando?”. Ella escucha el agua y ve que estoy metido adentro de la hueá… “no, está lloviendo acá adentro”. ¡Qué le decí, hueón! Es como la niña que queda esperando familia y le dice a la mamá: “tengo que decirte algo, estoy embarazada”. “¿Qué te paso?”, le pregunta. “¡Se la pescaron poh hueón, qué le va a pasar!”. Es que cuando haces el análisis retrospectivo a la pregunta, en verdad es muy hueona. Yo entiendo que queremos hacer otra pregunta, pero la hacemos así, mal. “¿Dónde te cortaste el pelo?”. En la cabeza poh, dónde más. No te dicen en qué peluquería. “¿Cuánto vale el Metro?”. Unos 280 mil millones de dólares, qué se yo. No te preguntan por el valor del ticket. No sé si es por ahorrar o la costumbre de hacer preguntas que hay que sacar por conclusión.
 
- Cuánto material.
- Eso me sirvió para hacer una rutina que tiene que ver con un tipo de hueón; el hueón avispa’o, el hueón tonto, el hueón tara’o, el hueón aprovechador, el hueón amigo, el hueón desgracia’o. Explico que la palabra hueón la ocupamos muy bien para bien y para mal. No puede ser más anecdótico y gracioso que digamos: “oye, este hueón que es inteligente”. ¡Me podí explicar eso! Le dijiste hueón e inteligente. Podríamos hacer un análisis semiótico.
 
El caballo y el cóndor
 
- ¿Somos muy hueones los chilenos o es un fenómeno mundial ser hueón?
- Es un comportamiento mundial. Desde que el hombre es hombre ha sido hueón. Por ejemplo, no se dio cuenta de que las cosas están en la naturaleza y que pasaron millones de años antes de investigarlas. O se rompió el seso para hacer fuego, en consideración de que el rayo del sol siempre estuvo. Cómo lo hago y lo fabrico es la inteligencia, no espero que la naturaleza lo haga. En la prehistoria se transportaba el fuego, porque no se sabía cómo se hacía. Trataban de llevarlo porque se iba a extinguir. Eso demuestra la poca inteligencia y el desarrollo que tuvimos que esperar para tener una mentalidad creativa, con ingenio y observación.
 
- Pero nos creemos superiores.
- Hoy nos vanagloriamos del teléfono celular, pero cuántos miles de años pasaron para llegar a eso, muchas piezas y materiales integradas ya estaban en la naturaleza. Aún estamos atrasados en el desarrollo del cobre y siendo un país exportador. Dependemos de mentalidades mucho más avanzadas y países con más dinero a los que les compramos maquinarias para que nosotros podamos producir el mineral. No me cabe en la cabeza que no vendamos ni cañerías ni codos de cobre porque sale más barato hacerlos afuera.
 
- Mejor ni hablar del mundo animal.
- Nosotros tenemos una fauna escasa y reducida y a pesar de eso me da risa y pena pensar que si pongo a mil cabros chicos en un colegio y les pido que levanten la mano los que conocen el huemul, todos lo van a hacer, pero nadie conoce el huemul. Y eso que es nuestro animal nacional. Este país se dio el mal lujo de tener un escudo con el huemul y el cóndor y resulta que recibió este escudo hecho por otro país y que nunca mandaron el huemul, sino que un caballo. Todavía hay escudos en Chile en la carroza presidencial y en el monumento de Aníbal Pinto en Valparaíso donde nuestro escudo nacional es un caballo y un cóndor (ríe). Me da vergüenza. Por qué no le mandaron a hacer el escudo a un chileno. Por qué afuera si el tipo al que se lo encargaron no conocía el huemul y terminó haciendo un caballo. Por las referencias que tenía le puso una pesuña, cuando el huemul tiene doble pesuña. Tienes astas. Pero no tienen idea que la hembra no tiene astas.
 
- Por consecuencia…
- Hay una serie de cosas que demuestran que de alguna manera y con otro nombre todos somos hueones.
 
 
 
 
Piñera, Sule y Alessandri
 
- ¿Por qué no fue candidato a alcalde en 2004?
- Fue un chiste que partió en una conversación entre amigos, pero que me ocurre constantemente. Lo que pasa es que soy muy observador y digo las cosas como las veo. Algunos las toman bien y otros mal. En un almuerzo en Rancagua, me preguntan si tengo parientes allá y yo digo que se murió mi padre, mi madre y unos tíos y que somos re pocos los vivos. Por ende, no tengo mucho por qué ir, solo mi hermano. Además que ir a Rancagua me da una pena enorme. Está tan feo y fuera de la mano de Dios. Las calles importantes están transformadas en mercados Persas, el paseo peatonal Independencia está horrible, la gente no se preocupa de pintar los muros y alego que la entrada a la ciudad es una porquería. No hay un pórtico que diga “Bienvenido”, un plano referencial y teniendo una empresa que lo podría donar con un buen diseño, como la minera El Teniente (antigua Braden Cupper Company). Y me largué poh… puta, dije que pintaría todos los monumentos de la Alameda, que es tan linda, y que como podían mantener un cementerio en medio de una comuna que crece y que los vecinos no se dan cuenta. Hay antenas del año de la porquería.
 
- Discurso de candidato. ¿Qué le dijeron sus amigos?
- Uno de ellos me dice: “oye hueón, voh deberíai ser alcalde, todo lo que decí es cierto”. Pero solo eran ideas. “Cómo pueden ser tan hueones de haber botado el velódromo, el único de la región”, criticaba. Mi papá fue el presidente del club ciclista y de la rama de fútbol. Todo eso se pierde porque no hay seguidores y gente que le interese. Pero si siguen habiendo alcaldes e intendentes y no veo nada nuevo, no sé con quién tengo que hablar. Qué se puede hacer. “¡Nooo, voh tení que ser alcalde!”, y yo me largué a reír no más.
 
- ¿Y la cosa quedó ahí?
- No poh. Al otro día estos hueones me empiezan a llamar y me dicen que hablaron con amigos míos que son empresarios. En ese tiempo, uno de los dueños de los supermercados Independencia, los Martínez, me dijo que se ponía con 50 millones de pesos pa’ partir. Otro de la ferretería de Alameda con 50 más, lo mismo los dueños de Lipigas y Gaslisur. Y así íbamos a hablar con gente con poder económico de Rancagua más la posible cooperación de la mina El Teniente y la empresa El Molino y gente del cemento.
 
- ¿Y los políticos no?
- No. Yo no soy político. Ese fue el “pero” y el problema, porque cuando me llamaron por el tema de la plata, y ya íbamos en 300 millones, yo decía: “no quiero y no necesito plata para la campaña”. Por imprenta, y donde me lo permita la ley, quería poner un cartel con un punto rosado adentro de una cartulina. Que no diga nada. Y por radio decir que “donde usted vea el punto rosado, es el Profesor Rossa, que es Iván Arenas, y que quiere ser alcalde”. Nada de “vote por”. Un punto rosado en las ventanas y puertas de las casas, como se hacía en la época de Cristo, que era un símbolo. Yo también quería eso y no llenar con escrituras. “¡Güena idea hueón, qué fácil y barato!”, me decían mis amigos. Lo pegábamos con scotch o un clip y listo. Que lo colgaran.
 
- ¿De verdad lo tomó en serio?
- Mis amigos sí, pero yo no poh. Y me comencé a asustar, porque la cosa creció. Me entrevistaron en algunas radios. Yo lo tomaba con una cierta liviandad, porque no decía que iba a tomar las riendas y seguir la senda de la alcaldía. No. “Esto es lo que dije, pero pa’ que lo haga otro”, expliqué. “Las ideas que les propuse a mis amigos las puede hacer el verdadero candidato”. Para eso iba a los medios. No hacer mi campaña de la verdad, porque no era mi verdad.
 
- ¿Qué pasó después?
- Tanto creció esto que me llamó (Sebastián) Piñera desde su oficina en Santiago, también Anselmo Sule (fallecido) y empezaron a caer partidos que querían hablar conmigo para llevarme políticamente a su lado. “Te ponemos todo el dinero y hacemos todo”, me decían, “pero quédate con nosotros que salís de más”. Yo miraba esto y pensaba: “esto no puede ser hueón”. Nadie velaba por la ideas o darle un vuelco a esta máscara”.
 
- Era el cupo no más.
- Tal cual. Por eso que recordé algo muy íntimo de mi padre que fue candidato a regidor e hizo cosas en Rancagua. En el patio de mi casa, un día, me dio unos golpes en la espalda muy cariñosamente y me dijo: “a ti te voy a pedir solo una cosa, nunca te metas en política”, porque él estuvo ahí y se desilusionó y estuvo a punto de separarse de mi madre, porque le hacía ver cómo se aprovechaban de él. ¿Le puedo creer? Le tengo que creer, porque era más sano que un yogur. Además, siendo cabro, vi cosas muy feas en la época de Patricio Mekis, Alessandri, Sule y varios otros.
 
- ¿Es cierto que lo volvieron a tentar de nuevo?
- La semana pasada. Estaba comiendo en un restorán chino y se acercan tres personas a sacarse una foto conmigo. “Él te quiere conocer y es del partido tanto y hace tal cosa”, me dice uno. Lo saludé. “¿Te acordar que tú quisiste ser alcalde?”, me preguntó (ríe). Les podría repetir el mismo cuento. Si no es política, bienvenido.
 
 “Dime que vai a hacer”
 
“No he votado nunca y no voy a votar. No me interesa. Salga quien salga. Me gustaría un tipo que no tenga nada que ver con la política. Lo apoyo al tiro. Si me dice que construirá tres hospitales y dos colegios, que es una cagá, y que va a arreglar el Caucau, ok, voto por usted, pero fírmeme aquí. Y en el caso que no lo hagas, te llevo a juicio y te metro preso. Por mentiroso. Tú te comprometiste. Aquí es re fácil decir: “vamos a reparar la hueá y hacer esto y lo otro”. Y si no lo hace, quién le dice algo. No lo hizo no más. Así que comprométete. No me hablí de política, dime que vai a hacer. ¿Vai arreglar la educación? Ok. ¿Cómo? ¿Gratuita? ¿Estai seguro? ¿En cuatro años? Ya, pero me firmai esta acta aquí y todos los que están contigo también”.
 
Ni ahí con los médicos
 
“Yo no debería fumar y sigo fumando. Suena feo, pero me da lo mismo morirme. No temo para nada. No soy de aquellos que se aferran a la vida, porque ya lo viví todo. No tengo ningún incentivo con importancia más para adelante, porque motivaciones siempre hay, pero son menores. No me quiero llenar de esto o de lo otro. Tener un negocio. No me interesa. Solo quiero vivir tranquilo. Con esa mentalidad evidentemente no me cuido. Como rico, lo paso bien y no puedo estar a la despensa de un médico en mi oreja que me diga: “no puedes comer cordero”. ¡Quién dijo que no, hueón! Mi papá comió cordero toda la vida. “Es que vai a cagar”. Bueno, pa’ eso están los médicos. ¡Me operarán, me trasplantarán y me darán pastillas! Tengo que ser muy hueón pa’ dejar de comer rico; jamón, salame, queso. Eso no es vida. “Es pa’ que vivai más”. ¡Y qué me importa vivir más! Tengo que vivir lo que tenga que vivir y bien. Es una mentalidad hueona. Es evidente que el que lea esta entrevista dirá que soy hueón ¡Sí poh! Soy hueón, pero estoy contento”.