Rodolfo Seguel y su lucha contra el cáncer “Tengo la enfermedad agarrada de los cachos”

Por Guillermo Arellano. El exconsejero regional espera mejores noticias para poder ser candidato a diputado.

Le costó, pero finalmente el exdiputado y exlíder sindical Rodolfo Seguel (63) decidió hacer público el cáncer hepático que sufre desde inicios de año.

En diálogo con Cambio21, el histórico militante DC señaló que a pesar de la milagrosa mejora que ha experimentado todavía no resuelve su candidatura al Parlamento.

Mientras tanto, evoca el colectivismo de antaño y critica al individualismo y pérdida de esencia que se manifiesta en la venta de los fueros y en la compra de autos lujosos. “Está re güena la oferta”, alega. Y vaya que tiene razón.

“No me puedo morir todavía”

 - La gente no sabe que está enfermo. ¿Qué la pasó?

- Es un cáncer que se descubrió el 27 de enero a raíz de un examen médico, un tumor de 8,1 centímetros de largo con metástasis un poco repartido y con un diagnóstico pésimo.

 - ¿Cómo se trató?

- Después de siete meses hemos ido controlando esto a través de un tratamiento oncológico con un remedio carísimo (Nexabar) que, gracias a Dios, me lo dan en el hospital. Y como me tenían con fecha de vencimiento había que hacer algo. No podría esperar a tomarme el medicamento y morirme igual. No tenía gracia. Mi hija se preocupó de buscar y encontrar un iriólogo, que me fue a ver y que también me dijo que estaba mal. Por eso de inmediato me trató con dos remedios muy potentes: un veneno de escorpión (quince gotas tres veces al día) que va matando las células cancerígenas y un Biman (fármaco natural cubano) que se lo va comiendo. Para los que saben de medicina, un examen de sangre en el que debía marcar 8,1 yo tenía 1.113,3. Con eso todos decían que “a este gallo lo vamos a mantener un tiempo no más”. Así empezamos.

 - ¿Cómo reaccionó la familia?

- La familia se puso toda detrás. Nadie se puso a llorar. El que lloró, lloró escondido. Todos levantamos el ánimo con una creencia muy grande en Dios. Por eso somos unidos. Además, con muchos amigos que, en forma privada, mantuvieron el silencio. Mis nietas han sido fundamentales porque me entretienen. En la parte más grave de la enfermedad, que fue en febrero, marzo y abril, gracias a ellas me estuve en pie. Les cocinaba, las sacaba a pasear, rabiaba… puras hueás entretenidas para pasar el día. Fueron mi medicina diaria hasta que se las llevaron porque entraban a clases. Ahí se acabó el remedio (ríe). Pero mis hijos no me dejan botado. Llaman desde las 7 de la mañana. Lo mismo que mis hijos adoptivos, que son los que trabajan en la Cámara de Diputados y que me quieren mucho.

 - De todas formas la recuperación ha sido rápida. ¿Qué le dicen los médicos?

- No entienden nada de nada. Yo capto lo que me dice el iriólogo y lo que transmiten los médicos y yo compatibilizo las opiniones. Eso sí, mientras los médicos me dijeron que me moría dentro de seis meses o un año máximo, el iriólogo me dijo que iba a sanar, pero no tan rápidamente. Incluso a él le sorprendió la respuesta de mi cuerpo. Lentamente comenzó a bajar el índice de 1.113 a 700, después a 500, 300, 200 y hace una semana a 8,1. En estos seis meses el tumor se achicó a la mitad, el cáncer se eliminó en un 90% y la metástasis prácticamente está desaparecida. Queda un hilito muy pequeño no más en el pecho. El oncólogo me pidió que dicte charlas sobre el cáncer, porque nunca bajé mi ánimo. Jamás estuve en cama. Me preguntó si hice un machitún con alguien. Ahora, sí sé que debemos un millón de mandas por lo que me he estado enterando estos días (ríe).

 - Es difícil entender los milagros...

- Así es. Nadie puede explicar lo que pasó en mi cuerpo. Yo puedo decir que fue la fe y la fuerza de la familia. Hay que ser claro. Le comenté al médico que iba a hacer todo lo que estuviera a mi alcance. “No me puedo morir todavía, tengo muchas cosas que hacer en esta vida. Están mis hijas, mi señora, mis nietas y mis hijos mayores. Debía velar por ellos”, le dije. Y aquí estamos.

 - Pero tuvo que operarse de nuevo. ¿Qué ocurrió ahora?

- Sí poh. Me saqué el premiado con un cáncer a la piel que me salió en el dedo (índice) de la mano izquierda. Pero felizmente estaba encapsulado. Lo cortaron y quedó el dedo completo. Pensé que me amputaban y que me iban a ir cortando de a poco (ríe), empezando por el dedo. Por suerte no, se terminó este cáncer ahí. El otro está muriéndose. Así que algo está pasando. El iriólogo me dice: “usted tiene más años que yo”.

 - ¿Por qué decidió mantenerlo en secreto en la DC?

- No lo hice público porque tenía la preocupación de luchar contra esto. Por eso que yo no estaba dispuesto a que fueran a mi casa a despedirse de mí, a decir: “chucha, se va a morir, vamos a saludarlo antes que se muera”. Eso es lo que hacen todos los hueones cuando hay un enfermo y están todos los familiares ahí.

 - Toda la procesión...

- Claro poh, decirle a la señora y a los hijos que “puta que lo queríamos”… no. Nadie fue a mi casa. Solo invité a tres personas, todos amigos personales a los que les conté y que se pusieron en la lista de apoyo, y tres amigos políticos que me ayudaron una enormidad y que les pedí que lo mantuvieran en secreto hasta el final, que es ahora después de lo que me dijeron los médicos. Hace poco lo hice público con los demás amigos, “pero no quiero ningún hueón en mi casa que me vaya a ver porque estoy enfermo, ni nada especial”, les advertí. Gracias a Dios todo se hizo de forma normal tanto en mi casa de Isla de Maipo como en San Miguel.

 “Político, pero honrado”

 - ¿Qué hará ahora tomando en cuenta que su nombre está en la lista de candidatos que la junta nacional aprobó en julio?

- A ver, yo me inscribí como candidato entre octubre y noviembre del año pasado. Era consejero regional y como había que renunciar un año antes lo hice y dejé los papeles ahí sin saber que iba a tener este cáncer. Luego me llamaron para decirme que me habían nominado y yo le avisé a la gente de San Miguel, Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda, El Bosque, La Cisterna y San Ramón sobre mi candidatura. Lo que pasa ahora es que la proclamación depende de mi estado de salud. Aquí el que manda es el médico. Yo pongo el cuerpo no más. Si resiste, vamos. “Tengo esta oferta y esta posibilidad, ¿qué opina?”, le pregunté. “Debes cuidar tu salud”, me contestó. Si no está bien, le vamos a decir que no y si está bien, le vamos a decir que tiene que esperar con tranquilidad. Pasó lo segundo. Así que no tengo que apresurarme en nada aunque esté bien para hacer cualquier cosa política. “Tiene que cuidar la vida eso sí, no los votos”, me reta el médico. Así que le pregunté a un tercer médico. Llevo tres ya, pero no voy a seguir preguntando. Es responsabilidad mía y de mi familia. El problema es que soy medio porfiado.

 - Parece político...

- Pero honrado (ríe)… así que me han llamado mucho los presidentes comunales y los delegados de la junta nacional. Y a todos les he dicho que esta semana tomaba la decisión, después de la operación del dedo. Ahora, si se ramificaba el cáncer decía que no al tiro, pero como lo cortamos, el médico y yo nos pusimos felices, pero no porque podría ser candidato, sino que por el cáncer. Así que haremos una reunión familiar para tomar una definición.

 - ¿Cómo está el conteo de votos en ese cónclave, a favor o en contra?

- Más los invitados con derecho a voz y no a voto… bueno, ahora son pillos porque están votando todos, creo que tengo un solo voto.

 - El suyo...

- Sí, el mío.

 - ¿Y cómo va a convencer a los demás?

- Bueno, en verdad aquí (mira a su esposa Griselda y a su hija) tengo dos votos y medio en total. Pero los votos más duros en contra son los hombres y las nueras.

 - Las nueras son más influyentes.

- Sí. Mi señora y mi hija van a donde yo vaya. Ahí damos las peleas. Mis hijos también, pero me dicen: “para qué, con los desprestigiada que está la política. Mira como los tienen arrinconados a todos y lo que les pasa con la plata del yerno de Pinochet (SQM) por un lado, las pesqueras por el otro y gente que se veía limpia por todas partes, pero que en verdad era sucia”. De hecho, (Jaime) Orpis (UDI), con quien estuve en la comisión del Trabajo, fue una vergüenza, los presidentes de partido sucios… en fin, nos robaron el país que entregamos.

 - Por lo mismo su posición en el cónclave familiar podría imponerse.

- Mi posición es minoritaria, pero debo intentar conseguir los votos a mi favor. Igual creo que esa junta será abierta (ríe).

 - Pero sin invitados fraternos...

- ¡No, no, no, no! Votan los que tienen que votar y nadie más, pero se va a respetar lo que se acuerde ahí. Después será sin llorar.

 - De cero a cien, ¿cómo va el tanteo inicial?

- Creo que estamos 50 y 50. Es que yo soy el mayor (ríe). Me quedan dos semanas, hasta el 21 de agosto para resolver. Estoy inscrito, pero hay otros candidatos del partido también a los que puedo ayudar si no me presento. Quiero ayudar con todo al que crea que es la persona indicada para representar esta zona. Si no merece que lo respalde, por muy DC que sea, no lo haré.

 - Si acepta ser candidato son más comunas que recorrer y el esfuerzo es físico será el doble...

- Cuando fui candidato a consejero regional (2013) no hice campaña. Nada. Y salí electo, lo que quiere decir que existe un plus del nombre. Además, tenemos gente que va a trabajar en las seis comunas, pero está difícil, porque la DC está sola (ese fue el acuerdo de la junta) y habrá que apechugar no más. No estamos con la Nueva Mayoría, que está en otro camino. Sin embargo, debemos dejar un testimonio para las futuras comunicaciones de gente honrada, limpia y decente, aunque sea con la camilla a cuestas. Hoy el testimonio es de sinvergüenzas, fraudulentos, golpeadores y pasadores a llevar de los derechos humanos.

 Lech Walesa

 “Todos me recuerdan con ese apodo (líder sindical y expresidente polaco), sobre todo por las ganas de luchar. Un médico me dijo: “si usted le ganó a Pinochet como no va a ganar esta batalla”. Soy de la generación del esfuerzo y del sacrificio por el bien común. A mí no me importaba el compañero de ruta mientras no fuera violentista. Ninguno podía robar en ese tiempo y ninguno pensaba en ser parlamentario, ministro o asesor de algo. Todos queríamos la democracia para Chile. En cambio ahora ven el catálogo: concejal, alcalde, consejero regional, diputado, senador, candidato presidencial, ministro, subsecretario y embajador. Chucha, está re güena la oferta… pero para eso hay que tener un gobierno democrático antes”.

 “Autos caros”

 “El sindicalismo chileno está horrible. Los trabajadores no quieren sindicalizarse. Se cambió el colectivismo al individualismo. De la ilusión colectiva y los derechos laborales se pasó a quién tiene el auto más caro y quién saca más millones a relucir. Se perdió la esencia. Yo sé de dirigentes que están 3, 4 o 6 meses en una pega y se hacen sindicalistas para puro vender el fuero sindical. Y ganan con eso dos millones y medio mensuales cobrando los fueros. Cada seis meses se van cambiando con tremendos autos. Se meten a una empresa, forman un sindicato y ganan 200 lucas. El fuero dura dos años más seis meses y le hacen problema a las empresas, que les dicen: “saben qué más, arreglémonos”. Y la empresa va y les paga dos años y medio de sueldo. Se van y dejan todo botado”. Que alguien me lo desmienta.

 “Los ‘niños’ lo saben todo”

Varios de mis compañeros de lucha se murieron; el “Huaso” Manuel Bustos, María Rozas y Jorge Matute. Una vez nos juntamos a comer un asado unos 14 exdirigentes. Algunos estás asesorando sindicatos, pero no son considerados ni siquiera como experiencia, porque los ‘niños’ lo saben todo. En la cuna les entregan todo y no necesitan que nadie les diga nada. A mí los más antiguos me enseñaron a leer los artículos del Código del Trabajo y hasta hablar”.