Residencias de ancianos y centros de asistencia de Japón recurren a fisicoculturistas, peleadores de artes marciales mixtas y luchadores de sumo retirados para cubrir la creciente escasez de personal en el sector del cuidado de adultos mayores.
La solución poco convencional surge en un país donde el envejecimiento acelerado de la población y las restricciones migratorias agravan una crisis que amenaza la capacidad del sistema asistencial, según un artículo publicado por el periódico estadounidense The New York Times, tras visitar residencias en distintas regiones del país.
Una crisis demográfica sin solución sencilla
1 de cada 6 personas en Japón tiene 75 años o más, una cifra que refleja el ritmo acelerado de envejecimiento de la sociedad nipona. La demanda de cuidadores creció de forma sostenida en los últimos años, pero la oferta de trabajadores no acompañó ese ritmo. El país, que mantiene límites estrictos a la inmigración, se resistió durante mucho tiempo a incorporar cuidadores del extranjero, lo que profundizó la escasez de personal en el sector.
A esto se suma una resistencia cultural arraigada: más del 70% de quienes trabajan como cuidadores en Japón son mujeres, según datos del gobierno. Los hombres históricamente evitaron estas funciones, consideradas agotadoras y de baja remuneración. La llegada de atletas al sector busca romper ese estereotipo y atraer a una franja de la población que, de otro modo, no consideraría este tipo de empleo.
Atletas que encontraron un segundo oficio
El acuerdo resultó conveniente para ambas partes. Los deportistas de élite suelen tener carreras cortas e ingresos irregulares, dependientes de competiciones y patrocinadores. Trabajar en centros asistenciales les ofrece estabilidad económica, con salarios iniciales de más de 1.600 dólares mensuales, además de beneficios como alojamiento gratuito, membresías de gimnasio y suplementos proteínicos.
En Ichinomiya, una ciudad del centro de Japón, la empresa Visionary reclutó a más de 30 fisicoculturistas que trabajan por turnos en 25 centros de asistencia. Su director general, Yusuke Niwa, de 41 años, impulsó el modelo con una convicción clara: “Tenemos que cambiar esta imagen anticuada. Por eso traje fisicoculturistas: son muy fuertes, tienen buen aspecto y pueden ayudar a cambiar esta percepción”.
Los culturistas trabajan seis horas diarias en los centros y reciben pago adicional por entrenar dos horas en el gimnasio. Hokuto Tatsumi, de 27 años, lleva más de dos años en el programa: “Siento que lo que me gusta hacer puede ser útil para la sociedad. Mis músculos ayudan a tranquilizar a los pacientes”.
Artes marciales mixtas en una residencia del sur de Japón
En la prefectura de Kochi, al sur del país, una residencia de ancianos gestionada por la familia Matsuura emplea a 10 luchadores de artes marciales mixtas que viven y entrenan en las propias instalaciones. Trabajan durante el día y entrenan por la noche, en una doble vida que combina el cuidado de adultos mayores con la preparación para las competencias.
Mamiya Matsuura, de 36 años, responsable del programa desde 2022, destacó el impacto que tuvo la llegada de estos atletas sobre los residentes. “Hay mucha testosterona en la sala, pero cuando se trata de cuidar a los ancianos, los luchadores son muy tiernos y cariñosos”, señaló al medio neoyorquino. Los residentes, agregó, comenzaron a tratar a los luchadores como nietos. “Hay un brillo en sus ojos”, resumió.
