Tras dos semanas ni los apagones, la censura de internet ni la más dura represión han logrado parar las protestas, que iniciaron por la grave crisis económica que afronta el país, pero que también muestra el inconformismo con causas sociales.
Cifras oficiales hablan de entre 500 y 2.000 muertos, pero datos extraoficiales citan cerca de 6.000 víctimas, además de detenciones arbitrarias, mutilaciones y torturas, tal como pasó en 2022 con las protestas del movimiento “Mujer, Vida y Libertad”, que surgió tras el asesinato de Mahsa Amini, a manos de la policia de la “moral”, por tener unos mechones de cabello fuera del hijab.
Cerca de 40 millones de mujeres y niñas viven bajo la vigilancia permanente de la llamada policía de la ‘moral’, que puede detenerlas, encarcelarlas o castigarlas físicamente debido a la implementación estricta de la Ley Sharia, en la teocracia que lleva 47 años controlando la vida de las mujeres.
Por eso, ellas tienen un papel fundamental en las actuales protestas, en las que se quitan el hijab, bailan y cantan, todo lo que está prohibido por la Ley Sharia.
La protesta ya es global, mujeres iraníes marchan sin hijab en Europa y EE. UU., mientras el mundo observa y acompaña. Porque la lucha de las mujeres por sus derechos es universal.
