Oh I'm just counting

FUT o RAI, SAC y REX ?; de lo simple a lo complejo para no desaparecer. Por Ricardo Rincón. Abogado

Durante años, el FUT fue presentado como el gran enemigo de la justicia tributaria. Había que eliminarlo. Era una bandera política que ciertos sectores políticos exhibían como símbolo de una nueva forma de recaudar y combatir los “privilegios.”

Lo eliminaron?

¿O realmente no lo hicieron?

La respuesta la dio uno de los expertos tributarios del país, el exdirector del Servicio de Impuestos Internos Ricardo Escobar en el medio The Clinic el pasado 2 de agosto: el FUT “siguió vivo”, solo que ahora tiene “nombres de perro”: RAI, SAC y REX.

Y la afirmación aunque cómica y sui generis es técnicamente correcta.

En efecto, lo que desapareció fue el nombre, pero la función sobrevivió.

Antes como bien explica Ricardo Escobar existía un solo registro que controlaba las utilidades de las empresas y los créditos tributarios asociados. Hoy esa misma tarea se distribuye entre varios registros distintos. El sistema, por ende, continúa intacto y haciendo esencialmente lo mismo, pero con mucha mayor complejidad administrativa.

La pregunta es inevitable: ¿valió la pena?

Si el objetivo final era seguir registrando las utilidades pendientes de tributación y controlar los créditos para evitar la doble tributación, ¿por qué convertir un sistema relativamente simple en otro considerablemente más complejo?

La respuesta parece más política que técnica.

Había que demostrar que el FUT había muerto, aunque para lograrlo fuera necesario reemplazarlo por varios registros que cumplen prácticamente la misma función.

Es un fenómeno recurrente en Chile: cambiar nombres para declarar grandes victorias ideológicas, mientras la realidad sigue funcionando casi igual, pero artificialmente complejizada. 

Las buenas reformas simplifican.

Las malas multiplican formularios, registros y burocracia para llegar al mismo destino.

Quizás por eso la frase de Escobar incomoda tanto. Porque desnuda una verdad difícil de refutar: el FUT no desapareció; simplemente cambió de nombre y se volvió más complejo.

Reconocerlo no debiera ser un problema. Al contrario. Sería una señal de madurez política admitir que algunas batallas fueron más simbólicas que necesarias, más de galería que asentadas en base técnica. 

Porque cuando una reforma termina haciendo lo mismo que el sistema que reemplazó, pero con mayor complejidad y mayores costos de cumplimiento, no estamos frente a un avance.

Estamos frente a una bandera que cayó, pero cuyos promotores todavía se resisten a reconocer.