Oh I'm just counting

Editorial Cambio21. Niños Haitianos o cómo usar menores vulnerables con groseras mentiras para conmocionar al país usando el método Goebbels

En las últimas horas hemos vivido como sociedad, la presión mediática de una operación política organizada por uno o los Goebbels chileno, recordando al tristemente famoso ministro de propaganda e información nazi en la época de Hitler. Este suceso remeció a la opinión pública de nuestro país donde se habló de más de 200 niños haitianos desaparecidos.

Toda esta información estuvo basado en “la filtración” de un preinforme de la Contraloría que señalaba que había 64 niños inubicables de un programa de reencuentro familiar, pero que algunos programas de televisión especialmente el matinal de canal 13, amplificaban con reportajes que insinuaban un supuesto tráfico de niños/as haitianos/as al país con fines de explotación sexual y tráfico de órganos que era repetido en redes sociales por gente altamente irresponsable.

Otros comunicadores irresponsables y con minímo criterio como Juan Manuel Astorga de Mega y radio Infinita hablaban de “tráfico de órganos y trafico sexual de menores”. Para este comunicador, ancla del más importante noticiero de Mega, toda su mentira no le va a provocar ningún problema con el gremio de los periodistas. Astorga no es periodista así es que no podrá ser acusado ante los tribunales de Etica de esa organización.

Para seguir amplificando el tema, (y buscar golpear a  Boric y Bachelet) sin leer todo el informe de 70 páginas de la Contraloría, el Presidente de la República convocó a una reunión del más alto nivel a los titulares de los poderes del Estado, Corte Suprema, presidenta del Senado, de la Cámara de Diputados, la Fiscalía, las policías, que acentuó la alarma y la indignación ciudadana que empezaba a ser dirigida hacia las autoridades del gobierno anterior que habrían permitido esto e incluso el líder ultraderechista Johannes Kaiser apuntó directamente a la administración Bachelet por facilitar el ingreso de menores haitianos.

Ya en ese momento se notaba que existía toda una operación política de la ultraderecha. Era claro que actual director de Servicio de Migraciones, el derrotado diputado por Chillán, Franck Sauerbaum había filtrado pre informe de Contraloría a los medios, que comenzaban las críticas y la caza de brujas de los responsables por esta desprotección de niños ocurrida -según estos medios- en el gobierno anterior.

Justo en momentos en que gobierno buscaba recuperarse de la fuerte caída de la aprobación ciudadana en los primeros 100 días y los diversos analistas le recomendaban reponer “la cultura del orden” y que tenía que jugarse por reinstalar el tema de la seguridad.

Y no solo eso: en todos los gobiernos desde que se hace la Cuenta Pública, el mandatario sube su aprobación y baja la desaprobación. Desde que Kast realizó su Cuenta Pública el 1 de junio, subió su rechazo o desaprobación y bajó su aprobación. Todo en encuestas fiables...

Pero todos veíamos que existía una operación política desde la ultraderecha que usaba a los niños/as haitianos/as para sacar rédito político ya que permite golpear a los gobiernos Bachelet, Piñera y Boric, reinstalar la idea de que los gobiernos de Boric y Bachelet permitieron el ingreso masivo de migrantes haitianos y que fueron negligentes es resguardar su protección. El plan de reunificación familiar es una idea del gobierno de Sebastián Piñera.

Hubo un coro desvergonzado de dirigentes políticos de extrema derecha usando y abusando de los medios amigos como canal 13 realizando lo que el comunícologo ultra derechista norteamericano Steve Bannon llama "inundar la zona".

El más miserable fue el diputado republicano Enrique Bassaletti: Habló de tráfico de órganos de los niños haitianos. Decimos miserable porque este diputado llegó al grado de general de carabineros luego de pasar más de 30 años en esa institución uniformada y conoce más que otros diputados los graves delitos de esta envergadura. Y por hacer un punto político o una orden de los que inventaron esta operación, Bassaletti "inundó la zona". Planteó textual: "Como pasó algunos años en Antofagasta y Arica, donde aparecieron niños que habían sido operados para extraerle órganos". De ahí en adelante varios otros parlamentarios de extrema derecha, hablaron de tráfico de órganos de los niños haitianos.

Otro republicano, Cristián Araya habló de miles de niños y propuso colocar minas en la frontera norte. Lo mismo dijo el senador Durana de la UDI. Imaginénse que el mundo viene de vuelta con esto de las minas antipersonales y acá dos parlamentarios piden que si un niño con su familia pasa la frontera norte, su cuerpo despedazado vuele por los aires. Así de crueles...

El senador republicano exUDI Rodolfo Carter habló que los niños haitianos "probablemente sean soldados del crimen organizado y que sean utilizados en el comercio sexual". Hace un tiempo, el mismo Carter había dicho que había que dispararle a los migrantes. El periodista-abogado Tomás Mosciatti le contrapreguntó abismado: "¿Mujeres y niños?" Hay que actuar con las armas que nos entrega el Estado de derecho, incluídas las armas, respondió sin sonrojarse el exalcalde de La Florida, hoy senador republicano por la Araucanía.

Pero las mentiras se descubren rápido. Hay medios de comunicación jugados por la verdad. Un caso singular se dió en el noticiario central de Mega donde el propio Juan Manuel Astorga tuvo que presentar una nota donde una reportera desmentía todo lo que había dicho horas y días antes. La periodista en un solo día de investigación encontró 8 niños haitianos que estaban en la lista de los inubicables de la Contraloría.

Otros hicieron lo mismo como CHV y otros medios de comunicación digitales que dieron espacio a voceros de la comunidad haitiana -profesionales haitianos instalados en Chile hace 15 años- que señalan que “ninguna familia ha denunciado la desaparición de un menor” y denunciaron con valentía que “la niñez haitiana está siendo utilizada como un juguete en una pelea política interna”.

También los municipios como Estación Central, Temuco, Graneros y otros empezaron a cooperar y encontraron a otros niños haitianos de esa lista de la Contraloría. De los 64 "perdidos" solo faltan por ubicar a menos de 10.

Y ya las mentiras habían quedado al descubierto cuando el viernes en la tarde el Ministro de Defensa asumiendo su rol institucional señaló que "no hay antecedentes serios que indique que estamos frente a un tema de tráfico de niños, de prostitución infantil o de órganos. Incluso más responsablemente, no hay antecedentes de que estos niños estén desaparecidos o perdidos".

El Ministro de Defensa hablaba basado en los informes de la PDI que documentan que los niños haitianos habían sido entregados a los adultos responsables y que ellos “están con sus familias, escolarizados y con salud”.

De ahí en adelante, todos los voceros de la operación política se quedaron mudos. No se escuchó más a Bassaletti, Araya, Carter y otros hablar de los niños haitianos. Y Sauerbaum "no atendió" este fin de semana a ningún medio.

Pero la inquietud sigue ahí ¿Cómo llegamos a tener en 72 horas a que se conozca un preinforme sin leerlo totalmente, se difundan groseras mentiras, se arme un escándalo nacional e internacional sin investigar, se estigmatice a la comunidad haitiana por su pobreza y el color de su piel y los promotores de esto no asuman su responsabilidad ética y política por crear este clima?.

Ya no somos el Chile en que importa la verdad. Este episodio nos revela que hay un sector de la sociedad que ha instalado la mentira y la polarización donde “rescribe la realidad para manipular la sociedad” como denunció la historiadora y filosofa más influyente del siglo pasado, Hannah Arendt sobre el fascismo y el nazismo.

Estas mentiras sobre los niños haitianos que fueron creídas inicialmente por el país (según Cadem: 85% consideró grave el ingreso irregular de niños haitianos y 58% piensa que se trata de tráfico de menores) muestran que la mentira sistemática destruye el sentido común y la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso, dejando a los ciudadanos sin herramientas para pensar o juzgar, como denunció Arendt y que no podemos dejar pasar.

Por fortuna, desde el viernes en la tarde, la palabra "Tongo" fue y es tendencia nacional en todas las redes sociales.

Los medios de comunicación tienen que tener compromisos éticos con la verdad, no pueden difundir mentiras al voleo, no pueden darle espacio a personas sin ética como al comunicador Juan Manuel Astorga que instaló la versión del tráfico de menores y posible tráfico de órganos sin ninguna prueba que ratificará sus dichos. Si dejamos que los medios de comunicación mientan estaremos destruyendo la convivencia democrática.

Lo más grave de este episodio es que la comunidad haitiana quedó estigmatizada, con familias humildes que aportan al país especialmente en la agricultura y en la construcción, que empiezan a vivir en la incerteza absoluta y con un instrumento humanitario legítimo —la visa de reunificación familiar— que quedó ensuciado por una narrativa fascistoíde, xenófoba y racista que el propio gobierno tuvo que desmentir.

Ojalá esto reviva una prensa seria, que se juegue por la verdad; también debemos acelerar la modernización de las instituciones ligadas al sistema de migraciones, que haya coordinación e interoperabilidad y que el debate migratorio recupere la humanidad perdida.

Chile no necesita "shows" mediáticos -como los vividos las últimas 72 horas de la semana pasada- sobre tramas de horror inexistentes, sino  requiere una política de Estado que, con seriedad técnica y con humanidad, se haga cargo de la complejidad de sus fronteras y de la dignidad de quienes las cruzan y llegan a aportar a nuestro país.