Oh I'm just counting

Entrevista Cambio21. El día que el sindicalista chileno Rodolfo Seguel se reunió en los 80 en la clandestinidad en Brasil con otro sindicalista, Lula da Silva. "Mi amigo es nuestra esperanza para derrotar a una extrema derecha mentirosa, cruel y perversa"

Por Oscar Reyes P.

La dictadura brasileña duró 21 años, finalizando oficialmente el 15 de marzo de 1985. El golpe militar se produjo el 31 de marzo de 1964 contra el presidente elegido democraticamente João Goulart.

En esos 21 años de dictadura, un joven sindicalista se alzó contra los militares como líder de la Unión de los Trabajadores Metalúrgicos de São Bernardo do Campo, cerquita de San Pablo, en postugués Sao Paulo. 

Luis Inázio da Silva, Lula, encabezó masivas huelgas obreras y de trabajadores que desafiaron al régimen militar de la época.
Debido a su activismo sindical, fue encarcelado durante 31 días en 1980 por la dictadura. 


Foto: Lula preso y fichado en 1980

A cuatro horas y media en avión al sur de Sao Paulo, otro joven sindicalista, un chileno se enfrentaba también a otra dictadura, la de Pinochet y sus asesores civiles.

Rodolfo Seguel un rancaguino, trabajador de Codelco, llamaba a movilizarse contra la dictadura chilena que ya llevaba 10 años en el poder y que de acuerdo a los planes de los asesores civiles de los militares, pretendía permanecer 25 años en el poder. El plebiscito de 1988 cortó esa "ilusión" dictatorial y Pinochet estuvo hasta 1990 en el poder.

Y, obvio, ambos líderes sindicales, Lula y Seguel tenían propósitos similares. Que los militares devolvieran el poder y llamaran a elecciones libres. 
Y los dos estuvieron presos por oponerse a las dictaduras.

En Chile, Rodolfo Seguel presidente de los Trabajadores del Cobre y líder de los trabajadores de nuestro país estuvo preso más de 12 veces.

Fue en esas circunstancias que Lula, en la clandestinidad, invitó a Rodolfo Seguel a Sao Paulo para conversar sus "propósitos".

Conversamos con Rodolfo Seguel de esos días de los 80 y su diálogo con el hoy Presidente de Brasil por cuarta vez, del cual se siente orgulloso.

¿Cómo conoció a Lula?

A Lula lo conocí a mediados de la década del '80 en Brasil. Fuí invitado por sindicalistas brasileños para solidarizar con todo, con el movimiento sindical que hacíamos en Chile y que nos enfrentábamos a la dictadura  en nuestro país. Fue una reunión clandestina porque Lula estaba siendo perseguido por la dictadura de su país. Me llevaron del aeropuerto en un auto con vidrios oscuros y camuflado. El estaba siendo perseguido. Su sindicato era bien poderoso. Tenía alrededor de 100 mil trabajadores inscritos. Nos encontramos en una casa bastante pobre y se notaba que era un lugar clandestino, porque él estaba siendo perseguido por las autoridades militares de Brasil.

¿Usted ya había estado preso por la dictadura chilena cuando lo conoció?

Si, varias veces. Y creo que esa es una de las razones por las que me invitó a conversar para apoyarnos y solidarizar con el movimiento de trabajadores chilenos que en esa época yo encabezaba. Nuestras acciones se conocían por los medios internacionales en el mundo y obvio en Brasil y Lula estaba enteradisímo de lo que hacíamos. El me señaló que veía los noticieros internacionales y se mostraba orgulloso de lo que hacíamos en Chile. Todos nuestros llamados a movilizarnos era con las manos limpias y sin capuchas. Los que usaban la violencia y las capuchas eran infiltrados de la dictadura.


¿Cómo fue esa conversación?

La reunión y conversación tuvo un fuerte contenido social y humano. Hablamos de las similitudes de las organizaciones entre ellos y nosotros y a quién nos enfrentabámos. Fue extremadamente cariñoso, sobre todo me preguntaba por los días y semanas cuando estuve preso por decisión de la dictadura de Pinochet y sus asesores civiles. Yo también le pregunté por cuando estuvo preso en Brasil. Me dijo que lo ficharon y lo maltrataron. El siempre me preguntó por mi familia cuando caía detenido por orden de Pinochet y de los ministros civiles de la dictadura. Su preocupación era muy genuina en lo humano...

¿Qué le dijo por esas detenciones en la cárcel cuando usted llamaba a movilizarse contra la dictadura chilena?

Siempre me habló de usar las manos limpias contra la dictadura. Nunca me habló de crear o usar la violencia porque esa violencia traería más violencia. Y los afectados serían la gente más humilde y pobre. Y me reiteró varias veces de no esconder el liderazgo propio. Nuestros llamados a enfrentarnos a la dictadura fueron siempre usando las armas de la paz. Nadie debía usar la violencia. Y con esos llamados deteníamos el país. Los que usaban la violencia eran los agentes de la dictadura y también los seguidores de Pinochet, que aún vemos en el Chile de hoy...

¿Es efectivo que mientras usted era líder de los trabajadores en Chile y de las movilizaciones contra la dictadura, Lula le dijo que formará el Partido de los Trabajadores en nuestro país, cuestión que hizo él en Brasil y le dio buenos resultados políticos?

Sí. Me instó a crear un movimiento político de los trabajadores chilenos. Pero, las realidades del movimiento sindical de ambos países eran y son muy distintas. 

En esa época,  en el mundo, se destacaban dos liderazgos de sindicalistas que eran apoyados por la iglesia católica contra dos dictaduras de distinto signo. Lech Walessa en Polonia y usted en Chile. ¿Qué le decía Lula sobre esta realidad?

En ese tiempo en Polonia tenía una situación similar a lo que estaba ocurriendo en América del Sur, con sus dictaduras. Y ahí estaba Lech Walessa a quién también conocí. Ambos teníamos una relación fluída con el Papa Juan Pablo II, con quién estuve dos veces
Teníamos muchas dictaduras en este lado del mundo, en Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay, etc. Y era muy normal por decirlo así, que fuesen los trabajadores los que iniciaran las protestas y las movilizaciones, ya que los políticos estaban muy fuera de la participación ciudadana.

Y obvio hablamos como enfrentar a las dictaduras y la solidaridad entre nosotros. En ese sentido nos referimos exclusivamente a Chile, Brasil y Argentina, con quiénes yo también tenía relación y contactos con sindicalistas argentinos de esa época. 

Ya han pasado más de 40 años de esas conversaciones entre usted y Lula. ¿Qué siente que un amigo suyo, llegue por cuarta vez a la presidencia de Brasil?

Me siento feliz y aliviado que uno de los nuestros esté al frente de una gran potencia mundial y líder indiscutido de América. Creo que aún tenemos una luz de esperanza que ilumine el camino a seguir para otros países. Su nuevo mandato es nuestra esperanza en Chile para guiarnos y derrotar proximamente a una extrema derecha mentirosa, cruel, irracional y perversa.

Por eso respeto y quiero mucho a Brasil, a su pueblo y a mi amigo Lula.