Por Ema Santa Cruz Fuccaro
Osvaldo Andrade, abogado, diputado y exministro del Trabajo, fue presidente del Partido Socialista y ha tenido una extensa trayectoria vinculada a la política laboral y a la centroizquierda chilena.
En esta entrevista con Cambio21 aborda la grave crisis de empleo que enfrenta el país y cuestiona que las medidas impulsadas por el Gobierno sean suficientes para revertirla analizando el rol del Estado en la materia. Además, Andrade aborda el rol de la oposición y la necesidad de discutir y llegar a acuerdos cuando se es necesario.
¿Cree que el plan Chile Despega y las medidas del Gobierno son suficientes para enfrentar el desempleo y la informalidad que vive el país?
Yo creo que el plan es inevitable. La dimensión de la crisis de empleo que tenemos es de tal envergadura que se requiere una intervención directa y de corto plazo, al menos. Así que lo veo imposible de evitar, aunque es completamente insuficiente. Piense usted que estamos hablando, según la proyección, de 100.000 empleos y estamos hablando de una cifra de desempleo del orden del millón de trabajadores. Entonces, a todas luces es insuficiente y además porque se trata de una solución transitoria.
Usted comprende que anticipar obras públicas o en vivienda son pegas que duran un cierto tiempo, no tienen el carácter de estabilidad, permanencia que pudiera significar un cambio en la situación más permanente del desempleo. Entonces, está bien orientado, pero necesariamente insuficiente. Va a requerir un esfuerzo muy fuerte en materia de inversión pública.
Está a la espera de la pretendida opción del Gobierno de pensar que la megareforma va a resolver los problemas de crecimiento y empleo en el país, que es algo que está completamente en entredicho.
Y respecto del rol del Estado, ¿cuáles cree usted que son las materias en las que el Estado debería recuperar un papel más relevante, particularmente en empleo, vivienda y protección social, considerando también su experiencia como exministro del Trabajo?
Es decir, el problema que tenemos es que la orientación y la matriz valórica, en este sentido, del Gobierno es que estas cosas debieran resolverlas los privados. Por esas razones, su opción ha sido darle mayores condiciones a los que tienen más, porque eso va a chorrear a los que tienen menos. Eso es una expresión muy nítida de la impronta de la noción que informa a este Gobierno.
Entonces, para él esta situación es muy a contrapelo porque, después de intentar desvestir al Estado de recursos por la vía de las rebajas tributarias y de los recortes presupuestarios, se ve en la obligación de enfrentar esta situación muy a contrapelo y, desde ese punto de vista, no cabe ninguna duda que la vieja aspiración de que el Estado juegue un rol relevante en esta materia es muy importante.
Los empresarios no dan empleo, su tarea es rendirle a su accionista y maximizar el esfuerzo para obtener mejores ganancias y condiciones.
Entonces, van a contratar gente en la medida que sea necesario para un proyecto, pero si eso lo pueden reemplazar con otro recurso más barato o de mejor condición, lo van a hacer. En consecuencia, no es el mandato, no está en la voluntad, no está en la ética del empresario dar empleo. Ellos tienen que ver cómo ganan más las empresas que administran.
Entonces, el esfuerzo que hay que hacer desde el punto de vista de la política pública y del Gobierno es sustantivo. Tiene que ordenar esta situación, y yo creo que, de fondo, lo que tenemos es un cambio en el modelo económico que tenemos, que sigue siendo muy vinculado a la ganancia en el corto plazo, con inversión de largo plazo muy escasa.
¿Cree usted que esa es la principal traba para la contratación y para el problema del desempleo que tenemos?
La principal traba para la contratación es la ausencia de una lógica en la economía de que el empleo es un bien deseado. En consecuencia, darle estabilidad al trabajador es muy importante para la economía porque eso significa que hay un mercado interno importante que se mueve.
Fíjese las cifras del comercio, eso es porque alguien compra, ¿no? Entonces, tenemos un problema estructural.
Tenemos un problema que no se resuelve con medidas de corto plazo, como las que se están tomando ahora, que son necesarias, pero que no se hacen cargo del problema en su integridad y profundidad. Entonces, tenemos una economía que hace muy poco empleo. Porque tenemos mucho empresario que está pensando muy en el corto plazo en rentabilizar inversiones más bien en el sistema financiero y no en el sistema productivo.
Y a eso agregue usted que tenemos una economía abierta en que la competencia con otras economías, y que incluye, por supuesto, la mano de obra, es muy fuerte.
¿Cuáles cree usted que deberían ser las líneas rojas y cuál debería ser el rol de la oposición al momento de discutir distintas materias, como ocurrió, por ejemplo, con el Escudo de las Américas?
Lo que pasa es que la oposición se tiene que dar cuenta que no es un destino definitivo, que no está condenada a ser oposición. Se tiene que dar cuenta que la ciudadanía espera que retome la condición para volver a ser gobierno.
Eso significa tener, respecto al Gobierno actual, al oficialismo, cualquiera este sea, una actitud muy concreta: debe tener disposición a respaldar aquellas cosas que le hacen bien al país y rechazar aquellas cosas que le hacen muy mal al país.
Por eso, ser oposición testimonial es muy fácil, porque uno se dedica a decir que no, pero yo entiendo que la oposición es un momento, es un tránsito para volver a ser mayoría y para volver a ser gobierno, y para eso no basta decir que no, hay que tener la capacidad también de proponer cosas, de buscar soluciones y manifestar disposición cuando surgen buenas ideas. Los gobiernos no son 100% malos.
¿En qué materias ha podido ver esto? ¿Hay alguna propuesta en la que quizás cree que la oposición ha sido demasiado dura al decir que no?
Por ejemplo, pienso que en materia de seguridad a veces se comete el error de decir que no porque que no. Hay otras circunstancias en las cuales creo que está muy bien que se diga que no, como el Escudo de las Américas, pero hay otras cosas en que es perfectamente posible llegar a acuerdo. En muchas cosas se ha llegado a acuerdo.
Lo que tiene que resolver la oposición no es si es negro o blanco, sino ser capaces de mostrarle al país una disposición de respaldo y de negación a aquellas cosas que afecten, precisamente, al mundo que queremos representar y, del mismo modo, estar accesibles a discutir aquellas cosas que vale la pena discutir. No es ni lo uno ni lo otro, son ambas cosas al mismo tiempo.
