El Presidente electo, Kast decidió gobernar con el estilo Trump, su líder con quien estuvo el sábado pasado y eso nos comunicó cuando decidió cortar abruptamente la reunión con Presidente saliente sobre la información del traspaso de mando y salió a anunciar una andanada de acciones fiscalizadoras; y lo reitera asistiendo a una cumbre de Miami donde suma a Chile al coro ideologizado que apoya la política de Trump, quién anuncia “una coalición militar” donde participaría Chile, cuestión que no es conocida por el Congreso Nacional ni por otras instituciones democráticas.
Esta decisión política de Kast es muy preocupante para la gobernabilidad de la convivencia democrática. La mayoría del país quiere diálogos y acuerdos transversales (“Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento”, hemos repetido por décadas), hoy hay sectores significativos del país que anhelamos que el país deje atrás la lógica de polarización y odio que se ha instalado hace ya una década en el país y que explica buena parte de nuestro estancamiento social y económico.
En este nuevo orden internacional que quiere instalar Trump, donde busca presionar para que los países opten entre EEUU o China, choca con el sentido común mayoritario en el país -expresada en diversas encuestas- que respalda mantener la política comercial de libre comercio a todos los mercados mundiales vía los acuerdos de libre comercio con las distintas economías del orbe; que han significado 35 años de prosperidad y desarrollo para el país y la modernización de un aparato productivo exportador que es clave para el país.
Chile no puede subordinarse a los dictados de un Presidente que se cree emperador mundial, que cita a sus aliados para comunicar lo que deben hacer -como lo hizo en la cumbre de Miami-; donde lamentablemente asistió Kast y que quedó relegado a un segundo plano en la foto oficial y tuvo que escuchar el recetario Trump de una nueva coalición militar, de detener intervenciones externas en el hemisferio (en referencia a China) y que con su presencia avaló esa lógica trumpista.
El mundo democrático tiene que activarse en representar a las mayorías que buscamos perfeccionar y ampliar nuestra estrategia exportadora a los distintos mercados mundiales -incluyendo relaciones comerciales equilibradas y pragmáticas con China y EEUU y también con Unión Europea- y no puede rendirse ante minorías ultristas que promueven alinearse con algunas de las 2 potencias.
La política internacional debe seguir siendo una política de Estado que se funda sobre consensos de mediano plazo y no los gustos ideológicos de la autoridad de turno.
Esta lógica de trincheras y peleas que instalará la nueva administración le hace mal al país. Insistimos Chile para dar pasos fructíferos en el camino de dar más seguridad, combatir el Crimen Organizado, disminuir la migración ilegal, restablecer el orden en las cárceles requiere acuerdos y diálogo y no las imposiciones ni la polarización. En la elección parlamentaria -que coincidió con la presidencial el 2025- la ciudadanía generó un escenario de empates que coloca la responsabilidad en el nuevo gobierno de administrar el país buscando y promoviendo consensos transversales.
Chile necesita buenas ideas y no gobernar con la lógica descalificadora ni polarizante. Si tenemos déficit fiscal por ya 10 años, debemos asumirlo como un problema estructural que hace necesario ajustes fiscales en materia de gasto prescindible para disminuir la brecha entre ingresos y gastos; pero, también debemos descartar las malas ideas como rebajar impuestos a las grandes empresas que solo agudiza los déficits fiscales -como lo muestra la experiencia comparada- y pondrá en riesgo el financiamiento permanente de la inversión pública y del gasto social en salud, vivienda, educación y pensiones que atiende a la mayoría del país que es clave para una sociedad democrática inclusiva.
La lógica trumpista trae malas ideas y recetas ideologizadas que deben ser explicadas a la ciudadanía en un diálogo democrático que exige un mayor protagonismo de liderazgos que tengan esa capacidad pedagógica y carismática para actualizar los valores democráticos en una sociedad amenazada por la versión chilensis del autoritarismo trumpista.
