A 118 años del nacimiento del Presidente Salvador Allende Gossens, su legado continúa interpelando a Chile y, particularmente, a las nuevas generaciones. Más allá de su condición de estadista y Presidente mártir, Allende fue un hombre que nunca perdió su vínculo con la juventud y que comprendió, como pocos, el papel transformador que ella está llamada a desempeñar en la sociedad.
En su recordado discurso ante los estudiantes de la Universidad de Guadalajara, en México, Allende se presentó ante ellos recordando su propia experiencia como dirigente estudiantil y afirmando una frase que conserva plena vigencia: “no hay querella de generaciones; hay jóvenes viejos y viejos jóvenes”. Con esas palabras nos enseñó que la juventud no es una cuestión de edad, sino de actitud frente a la vida, de compromiso con los demás y de voluntad de transformar las injusticias.
Allende advertía sobre el peligro del individualismo y del arribismo social. Les decía a los estudiantes que acceder a la universidad constituía un privilegio extraordinario en América Latina y que ese privilegio implicaba también una responsabilidad. Obtener un título profesional no podía ser únicamente una herramienta para el éxito personal, sino un instrumento para poner el conocimiento al servicio de quienes más lo necesitan.
Como médico, denunciaba que la salud se había transformado en un bien que muchos no podían adquirir y llamaba a los profesionales a comprender que detrás de cada problema social existían desigualdades estructurales que debían ser enfrentadas colectivamente. Esa mirada sigue siendo profundamente actual.
En tiempos donde el individualismo parece imponerse y donde muchas veces se mide el éxito exclusivamente por el bienestar material, las palabras de Salvador Allende adquieren una renovada vigencia para los jóvenes de hoy. Su mensaje invita a comprender que el talento y las oportunidades deben estar acompañados por la solidaridad, la conciencia social y la responsabilidad con el país.
Las nuevas generaciones enfrentan desafíos distintos a los de hace medio siglo: la crisis climática, la revolución tecnológica, las desigualdades persistentes y la fragilidad de las democracias. Sin embargo, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿para qué queremos el conocimiento, el poder o la profesión que elegimos?
Salvador Allende respondió esa pregunta con su propia vida. Su ejemplo nos recuerda que la política puede ser una herramienta noble al servicio de los pueblos y que la juventud tiene la capacidad de construir sociedades más justas, siempre que no renuncie a sus ideales.
A 118 años de su nacimiento, el mejor homenaje al compañero Presidente no consiste solo en recordar su historia, sino en mantener viva su invitación a ser “viejos jóvenes”: personas capaces de conservar intacta la esperanza, la rebeldía frente a las injusticias y el compromiso con un Chile más digno para todas y todos.
Porque, como lo demostró Salvador Allende, la verdadera juventud está en no dejar de luchar nunca por los demás.
Salvador Allende y los jóvenes de ayer y de hoy. Por Arturo Barrios, secretario general del Partido Socialista
