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“El Sueño de la Leona”, doce fascinantes historias de mujeres nortinas

Por Francisco Castillo. La periodista UC y escritora Ana Durruty Corral (ovallina, 55), acaba de publicar su segunda producción en narrativa. Aunque es de ficción, se sitúa en un entorno histórico real, incluyendo a piratas ingleses que desembarcaron en Coquimbo.

Así son los escenarios y circunstancias en que se desarrollan, a lo largo de tres siglos, las historias de doce mujeres, cuyas vidas transcurrieron entre alegrías y desdichas, “en un mundo lleno de soledad y pasiones”, dice Durruty, describiendo “El sueño de la leona” (2018, 231 páginas), su más reciente obra.

Antes publicó “Cínica” (2015), una serie de cuentos cortos que presentó en la Feria del Libro de Guadalajara y fue seleccionada por el ministerio de Educación para fines docentes. “El sueño…”, por su parte, ganó un Fondart en 2017. En este caso, es una saga familiar por genealogía femenina,  que transcurre en el Norte Chico chileno y España, desde el año 1680 hasta nuestros días.    

-¿Cuánto de realidad y cuanto de ficción hay en estos relatos?

-Es una obra de ficción, en la cual los personajes y sus vidas son creación literaria. Sin embargo, los hechos históricos, los paisajes y los fenómenos de la naturaleza-como los terremotos- son reales. 

-¿Por qué escogió a estas doce mujeres como personajes del libro?

-En realidad, ellas me eligieron a mí para que contara sus historias. Muchas veces viví la experiencia de la escritura como un verdadero trance, en que me transportaba a una época y ellas hablaban a través de mí. Yo era como una visitante indiscreta, atraída por sus pasiones y misterios.

Ana Durruty Corral, escritora y periodista


-¿Cuáles serían las tres más interesantes de las protagonistas?

-Es una elección muy difícil. Me cautivan todas. Pero, si debo hacerlo, elegiría a Aurelia, Victoria y Dominga. La primera porque es bondadosa y su vida es muy diferente a lo que uno puede llegar a imaginar como propia. La segunda, por su intensidad y coraje. Y Dominga, por ser la más contemporánea y porque vive un proceso de liberación interior y aceptación.

Doña Aurelia

En efecto, Aurelia (1749-1790) fue una bella aristócrata nacida en el Reyno de Chile. Es descrita por Durruty como “un mar calmo, como un tazón de acero líquido y un cielo que llora lágrimas de Dios, doradas y luminosas”. Así era la condesa Aurelia de  Osorio y Figueroa de Collarte, señora de Angostura, quien se casó con Segundo de Roca y Quemado. La fiesta de matrimonio duró tres días, la más grande de que se tenga memoria en Chile.

Aurelia no sólo era hermosa, también se distinguía por su bondad y carácter osado. Un ejemplo: a poco de estar casada, llega a las costas de su hacienda, la caleta de Tierra Amarilla, el pirata inglés Lord Lawrence Willow. El corsario venía a aprovisionarse de agua y alimentos, sembrando el temor y la desconfianza en los habitantes.

Ella decide jugar una intrépidea carta: invitó a  cenar a su casa a Willow, en la Hacienda San Agustín. El inglés, no bien vio a su anfitriona, hizo alarde de sus enseñanzas de noble cuna, generándose entre ambos un trato marcado por el respeto y la cortesía. Como se sabe, Lord Willow, con el paso de los años, dio origen  la localidad de Los Vilos.

Doña Victoria

Victoria del Rosario Cortés de Ruedas y Roca (1800-1846) tuvo descendencia con don Agapito Figueroa de Roca, un primo lejano de ella. Victoria era en extremo apasionada;  le irritaba haber llegado virgen a los 21 años. Al llegar el verano de 1822, llega su primo Agapito, entonces niño de dulces diez años. Victoria “lo  miró, lo deseó y lo poseyó”, relata Durruty.

El capítulo continúa con el desarrollo de una relación pasional que se convierte en matrimonio apenas el muchacho cumple 16 años, la edad mínima para casarse por la iglesia, que era el único matrimonio válido.

Empezaron a vivirse los agitados años en que los que vinieron de España pasaban a convertirse de súbditos en ciudadanos que aspiraban a liberarse de las garras de la administración colonial. Pero esa luz independentista tardó en llegar a las tierras altas del Choapa. Allí, doña Victoria y don Agapito vivían una desenfrenada relación carnal que compartían en la Hacienda, entre otros, con un inquilino domador de potros y una atractiva mulata de la servidumbre.

Victoria murió repentinamente a los 46 años y poco después el joven viudo se marchitó inexplicablemente. Sobrevivió Amanda, la hija de ambos, que previamente había sido rescatada por su abuela Rosario, la  hija menor de doña Aurelia.

Doña Dominga

En el capítulo 11 de la saga se narra la vida de Dominga del Rosario Mondaca Nicholls (1954-….), descendiente ya empobrecida de la familia antes propietaria de la Hacienda. La vida la ha llevado por derroteros impensados. Siendo alumna del liceo ovallino, engancha con su profesor de gimnasia, Ramiro Pérez, militante de izquierda. Tienen una hija: Calixta.

Se van a vivir juntos; a comienzos de los años 70, la existencia en común “tenía el sello de alianza ideológica, y el buen sexo iba acompañado de largas lecturas e interminables conversaciones sobre el país nuevo que soñaban”, relata Durruty.

Eso terminó abruptamente en 1973. Dominga y Ramiro siguen juntos, protegiéndose  uno al otro en medio del caos. Continúan años de guardar silencio y aparentar normalidad, mientras participan en reuniones clandestinas.

La historia deriva por senderos de desesperanza, donde para subsistir, Dominga “vive un proceso de liberación interior y aceptación”.



Gente del Norte

Las doce protagonistas de “El Sueño…” son mujeres cuyas vidas transcurren entre Combarbalá, Ovalle y La Serena. La propia autora es oriunda de esas cálidas tierras.

-¿Son diferentes las mujeres del Norte Chico, respecto de las de otras regiones del país?  

-Probablemente el aislamiento y la relación con las fuerzas de la naturaleza otorgan un sello particular, de capacidad de sobrevivencia ante la adversidad a las mujeres nortinas. Sin embargo, en mi opinión, las doce mujeres de esta novela son más bien arquetipos universales de la mujer, vistos desde una perspectiva desprejuiciada. Es decir, sin el pie forzado de un rol determinado por una visión masculina de la femineidad.

-En cuanto al público lector, ¿hay interés por los libros en el valle del Limarí?

-La región de Coquimbo en general y el Valle del Limarí, son tierra de escritores. Desde Gabriela Mistral, hasta Luis Sepúlveda. Y hay buenos lectores. En Ovalle acabamos de celebrar la 30ª  Feria del Libro y la presentación de “El sueño de la Leona” fue muy concurrida.

-A propósito, para los interesados, ¿dónde pueden comprar el libro?

-En Santiago, librería Palmaria, Manuel Montt 058, Providencia. En La Serena, librería Macondo y en La Recova. En Ovalle, librería Publilibros, en el Mercado Tabién pueden pedirlo al mail elsuenodelaleona@hotmail.com

-En la última página de su libro se lee una afectuosa dedicatoria al fallecido empresario Guillermo Luksic Craig. ¿Por qué la escribió?

-Fuimos muy amigos, unidos por un profundo cariño por el Valle del Limarí -que él mismo siempre expresó, incluso en sus entrevistas-. Por ello, me tocó liderar varios de sus proyectos sociales en pro de la zona y compartir esa faceta de su compromiso con los más necesitados y hasta con el paisaje urbano de Ovalle.