Diversos medios chilenos han puesto en circulación durante los últimos días la posibilidad de que Chile sea el cliente extranjero no identificado detrás del contrato FMS para la fabricación de once cazas F-35 Lightning II. Sin embargo, por el momento, la hipótesis continúa siendo un rumor respaldado por algunas coincidencias llamativas, pero sin confirmación oficial ni evidencias públicas concluyentes.
El origen de la especulación se encuentra en un contrato adjudicado por la Marina de los Estados Unidos a Lockheed Martin para la adquisición de componentes de largo plazo destinados a la producción de once F-35 para un cliente extranjero bajo el programa Foreign Military Sales (FMS). La documentación disponible no identifica al comprador ni especifica la variante involucrada.
A partir de ello, varios medios chilenos comenzaron a explorar la posibilidad de que el destinatario final sea la Fuerza Aérea de Chile (FACh), una hipótesis que rápidamente se expandió por círculos especializados de defensa tanto dentro como fuera del país.
Preguntas frecuentes
¿Existe confirmación oficial de que Chile comprará 11 F-35? No. Hasta ahora sólo hay un contrato para 11 F-35 para un cliente extranjero no identificado y el Ministerio de Defensa de Chile no ha confirmado la compra ni hay notificación pública de la DSCA al Congreso de EE. UU.
¿Por qué se sospecha que el comprador podría ser la Fuerza Aérea de Chile (FACh)? Porque la FACh necesita reemplazar sus 11 F-5 Tiger III, mantiene relaciones operativas con EE. UU., participó en maniobras con F-35 en FIDAE 2026 y la cifra coincide con el número de F-5 en servicio.
¿Cuáles serían las implicancias económicas y operativas de una compra de F-35? Implicarían una inversión multimillonaria que incluye aeronaves, armamento, infraestructura, entrenamiento y sostenimiento, además de un proceso complejo de adaptación tecnológica, doctrinal y logística según el medio internacional AviaciónLine.
¿Significa la compra de 11 F-35 un reemplazo total de la flota chilena? No necesariamente. Una compra inicial de 11 unidades podría ser el comienzo de una transición gradual hacia capacidad de quinta generación, similar al proceso seguido con los F-16 en los años 2000.
Consultado por medios locales, el Ministerio de Defensa de Chile evitó confirmar o descartar la información. Según la respuesta oficial, las adquisiciones de material militar poseen carácter reservado y todas las alternativas para el futuro reemplazo de los F-5 Tiger III continúan siendo evaluadas, sin que exista todavía un modelo definido ni un presupuesto aprobado.
Si bien la declaración no confirmó la información, tampoco contribuyó a disipar las especulaciones.
Un candidato lógico
Las razones por las cuales Chile aparece como un candidato plausible no son difíciles de identificar.
La FACh opera actualmente una de las flotas de combate más modernas de América Latina, compuesta por F-16 Block 50 y F-16 MLU, mantiene una estrecha relación con Estados Unidos y participa regularmente en ejercicios e iniciativas de interoperabilidad con fuerzas aéreas occidentales.
A ello se sumó durante FIDAE 2026 un hecho que generó considerable atención regional: la realización de operaciones de reabastecimiento en vuelo con cazas F-35 de la USAF que participaron en la feria, una actividad interpretada por algunos observadores como una demostración de compatibilidad operativa y una señal del creciente acercamiento entre la FACh y el programa Lightning II.
Por primera vez, una fuerza aérea sudamericana reabastece en vuelo a un caza F-35A
Otro elemento que alimenta la especulación es la coincidencia numérica. Actualmente, la IV Brigada Aérea mantiene en servicio once F-5 Tiger III —ocho monoplazas F-5E y tres biplazas F-5F— basados en Punta Arenas, aeronaves cuya retirada se encuentra prevista para el final de la presente década.
Sin embargo, la existencia de coincidencias no constituye una confirmación.
Hasta la fecha no existe ninguna notificación pública de la Defense Security Cooperation Agency (DSCA) al Congreso estadounidense sobre una posible venta de F-35 a Chile, un paso que necesariamente deberá producirse antes de formalizar una operación de este tipo.
Desde el ministerio de Defensa, se rechazó las versiones que daban por concretada una compra de F-35 para la FACh, señalando que no se han aprobado recursos para una adquisición de esa naturaleza, la cual, considerando aeronaves, armamento, infraestructura, entrenamiento y sostenimiento, podría alcanzar varios miles de millones de dólares.
Más allá de los F-5
Incluso si la hipótesis terminara confirmándose en el futuro, limitar el análisis únicamente al reemplazo de los F-5 podría resultar engañoso.
La cifra de once aeronaves parece reducida para constituir por sí sola una transformación estructural de la aviación de combate chilena. Sin embargo, encaja con una lógica que la propia FACh ya utilizó en el pasado.
La baja definitiva de los F-5E/F de la FACh está programada para el 2030, así que aún hay algo de tiempo para conocer su eventual reemplazo.
A comienzos de los años 2000, Chile incorporó inicialmente una pequeña flota de diez F-16 Block 50 nuevos de fábrica, estableciendo así la infraestructura, doctrina y capacidades necesarias para posteriormente expandir la fuerza mediante la adquisición de F-16 MLU procedentes de Europa.
Desde esta perspectiva, una eventual compra inicial de once F-35 podría representar menos un programa de sustitución de los F-5 y más el comienzo de una transición generacional de largo plazo hacia una fuerza de combate basada parcialmente en aeronaves de quinta generación.
La propia evolución de la flota chilena parece apuntar en esa dirección. Si bien los F-16 continúan siendo plenamente capaces y cuentan con márgenes de modernización (en particular los Block 50), varios de los ejemplares MLU adquiridos en Europa comenzarán a acercarse progresivamente a las etapas finales de su vida útil durante la próxima década.
En ese contexto, la incorporación gradual de F-35 permitiría a la FACh iniciar con suficiente anticipación el proceso de absorción tecnológica, doctrinal y logística requerido para operar un sistema de armas significativamente más complejo que los cazas actualmente en servicio. Una posibilidad que, por otra parte, ya había sido contemplada públicamente por representantes de Lockheed Martin y por autoridades de la propia FACh al referirse al futuro de la aviación de combate chilena.
El contexto regional tampoco puede ignorarse.
Durante los últimos años, varios países sudamericanos han puesto en marcha importantes programas de modernización de sus fuerzas aéreas. Brasil continúa expandiendo su flota de Gripen E/F, Colombia avanza con la incorporación del Gripen E/F y Perú ha iniciado el proceso para adquirir una nueva generación de cazas occidentales, con los F-16 Block 70 entre las principales opciones consideradas.
El Gobierno peruano formaliza la compra de F-16 pese a la crisis política y realiza el primer desembolso.
Argentina tambien se armó. Adquirió 24 aviones de combate supersónicos F-16 Fighting Falcon de segunda mano a Dinamarca, en una operación histórica para la Fuerza Aérea Argentina que superó los US$ 300 millones, a los que se suma otra inversión idéntica para armamento. Los primeros seis aparatos ya se encuentran en el país y el resto llegará en tandas
Bajo esa óptica, el eventual ingreso del F-35 en la región permitiría a Chile preservar la ventaja tecnológica que históricamente ha buscado mantener en materia de poder aéreo.
No obstante, también resulta posible que las actuales especulaciones estén adelantándose varios años a una decisión que todavía no ha sido tomada. Por ahora, lo único confirmado es la existencia de un contrato para once F-35 destinados a un cliente extranjero no identificado. Todo lo demás continúa perteneciendo al terreno de las hipótesis.
