Especial CNN Español
Vientos de guerra vuelven a soplar en el Caribe en medio de los gestos —y despliegues navales— de Estados Unidos y Venezuela, en medio de una retórica cada vez más incendiaria intercambiada por Donald Trump y Nicolás Maduro.
La enemistad no es nueva: al menos desde la llegada de Chávez al poder en 1999 las tensiones entre ambos países no han parado de crecer, y en 2019 cortaron sus relaciones diplomáticas formales.
Esta última crisis tiene su desencadenante en la declaración en julio del Cártel de los Soles, un presunta banda narcotraficante que Washington alega ha corrompido al Gobierno de Venezuela, como organización terrorista.
Este es el potencial de guerra de los buques de EE.UU. desplegados en el Caribe en medio de la tensión con Venezuela
Luego, a mediados de agosto, Estados Unidos anunció un despliegue sin parangón de buques de guerra en el Caribe y alrededores con el objetivo de combatir a los cárteles de la droga, y el martes Venezuela hizo su propio anuncio de envío de activos navales.
Que la crisis actual lleve a una invasión estadounidense de Venezuela es poco probable, según dicen los expertos, pero la saturación de buques de guerra estadounidenses –entre ellos cruceros, destructores, busques de asalto anfibio y submarinos– en la región no puede ser tomada a la ligera: Estados Unidos ha intervenido numerosas veces en el Caribe y América Latina.
En el comienzo fue Cuba
Aunque un temprano Estados Unidos ya había peleado una guerra con México entre 1846 y 1848, un conflicto centrado en la independencia de Texas, la primera intervención militar de Washington en el Caribe tuvo lugar en 1898 y se centró en una de las islas que más ha concetrado la atención estadounidense: Cuba.
Cuba era aún parte de España en esa época, y un Estados Unidos cuyo poder crecía y su esfera de influencia se expandía decidió apoyar a los rebeldes cubanos durante su Guerra de Independencia para cimentar su propia presencia en el Caribe.
En la posterior Guerra hispanoestadounidense Estados Unidos se impusó militarmente, expulsó a los españoles definitivamente de América y ocupó Cuba y también la isla de Puerto Rico, que se convertiría en un estado asociado.
Estados Unidos, el “buen vecino”
Las intervenciones de Washington en el Caribe no frenaron ahí, y en los inicios del siglo XX las Fuerzas Armadas de Estados Unidos dieron una extensa gira por el Caribe, comenzando por el envío de buques de guerra a Panamá, entonces parte de Colombia, en 1903.
La crisis tuvo al futuro canal en el centro: luego de que Estados Unidos no lograra acordar con Colombia los términos para su construcción, Washington decidió apoyar militarmente al movimiento independentista panameño y convertirse en garante de la independencia de Panamá.
En 1912, durante un conflicto interno en Nicaragua, Estados Unidos intervino en el país en apoyo del presidente Adolfo Díaz, ocupándolo hasta 1925. Hubo luego una segunda ocupación entre 1927 y 1932, en medio de una guerra civil.
Haití, en cambio, fue ocupado en 1915 tras una crisis política interna que llevó al asesinato del presidente Jean Vilbrun Guillaume Sam. La presencia estadounidense siguió hasta 1934.
Y un año después de Haití, en 1916, fue el turno de República Dominicana, que Estados Unidos ocupó hasta 1924 completando su control de la Isla La Española. La intervención fue en apoyo del presidente Jimenes Pereyra, en medio de su propio conflicto interno, y bajo el pretexto de proteger intereses estadounidenses.
En 1933 el presidente Franklin Delano Roosevelt intentó dejar atrás la política de intervenciones militares y lanzó su propia iniciativa del “buen vecino”, priorizando la cooperación y el comercio al tiempo que rechazaba el injerencismo. Pero la reputación ya estaba hecha.
Guerra Fría y lucha contra el comunismo
Más aún que la política del “buen vecino”, fue la Segunda Guerra Mundial la que sacó la atención de Washington del Caribe. Pero tras su conclusión, en 1945, y el surgimiento del mundo bipolar posterior, marcado por el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las intervenciones se reanudaron.
Y de todos los lugares posibles, fue en Cuba donde se dio una de las más importantes.
Desde la revolución de 1959 la isla, que había sido muy cercana a Estados Unidos, se encontraba bajo el gobierno comunista de Fidel Castro, y su relación estrecha con la Unión Soviética sería una fuente inagotable de tensiones para Washington durante la Guerra Fría.
En 1960 la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos comenzó a entrenar y preparar a un grupo de exiliados cubanos para invadir Cuba y forzar la caída de Castro. Y un año después, la invasión en Bahía de Cochinos comenzó con el apoyo ya explícito de Washingon. La historia es conocida: el fracaso total de la operación reavivó el fantasma del injerecismo estadounidense y cimentó al régimen de Castro.
Movido por el miedo al avance del comunismo en el Caribe, en 1965 Estados Unidos también envió tropas a República Dominicana (la segunda vez en un siglo) para apoyar al Gobierno en la guerra civil contra rebeldes apoyados por sectores comunistas.
Sin llegar a intervenir directamente, Estados Unidos también apoyó facciones cercanas a sus intereses en los conflictos civiles en El Salvador (1979-1992) y Nicaragua (1961-1990).
En el primero, apoyó al Gobierno frente al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Y, en el segundo, apoyó primero al régimen de Somoza y luego a los Contras frente a los Sandinistas, que finalmente triunfaron.
Granada y Panamá, los últimos
Las dos intervenciones militares directas que cerraron la etapa injerencista estadounidense ocurrieron hacia finales el siglo XX.
La invasión de Granada de 1983, a poco de comenzar la presidencia de Ronald Reagan, ocurrió tras el asesinato del primer ministro Maurice Bishop y en medio de los persistentes temores de Washington de que grupos opositores comunistas se hicieran con el poder en la pequeña isla caribeña.
La crisis en Panamá de 1989, en cambio, representó una amenaza mayor a los intereses estadounidenses y puede verse como una consecuencia de los hechos de 1903.
En 1977 el presidente de EE.UU., Jimmy Carter, había firmado un acuerdo con el presidente de Panamá, Omar Torrijos, para devolver gradualmente el control del canal antes crecientes críticas por el presunto imperialismo estadounidense.
Pero la relación entre ambos países, determinada por el canal, comenzó a empeorar tras la muerte de Torrijos y en 1981 y el ascenso al poder del general Manuel Noriega.
Poco a poco Noriega se fue convirtiendo en un rival claro de Estados Unidos, acusado en varias oportunidades de asesinato, narcotráfico y lavado de dinero, y de desatender la seguridad del Canal.
Luego de que Noriega desconociera los resultados de las elecciones realizadas en mayo de 1989, la situación entró en fase terminal: la legislatura panameña declaró un estado de guerra con EE.UU. y en diciembre 20.000 soldados estadounidesnes invadieron Panamá.
La guerra duró poco más de un mes y terminó con el derrocamiento de Noriega. Fue la última gran intervención militar estadounidense en el Caribe.