Después de más de 115 días de gestión a la mayoría de la opinión pública y de los chilenos/as le queda claro que el actual liderazgo presidencial carece de virtudes republicanas como la templanza, la tolerancia y la capacidad de empatizar con el sentimiento común de las familias de clase media y vulnerables.
La figura presidencial en democracia debe respetar la opinión de los ciudadanos, debe escuchar a todas y todos, más si la señora de Villarrica expresa su preocupación por las promesas incumplidas y la reacción de la autoridad presidencial debe ser mesurada y respetuosa y no puede ser descontrolada, ni perder la calma como lo vimos esta semana en la Araucanía.
Chile para salir de este estancamiento de ya 14 años no requiere barras bravas, ni políticos demagogos, ni candidatos presidenciales que no cumplen sus promesas -que después las califican de metáforas o hipérboles-, ni seguir en la política de polarización buscando ganar las votaciones por 1 o 2 votos, sino un político que busca construir acuerdos transversales.
Lamentablemente hoy ya la sociedad chilena se da cuenta que la actual autoridad presidencial no encarna esa búsqueda del bien común, ya que por ejemplo esta semana reiteró que su gobierno busca dar señales prioritarias a los inversionistas para que ellos materialicen proyectos que traerían bienestar al conjunto de la sociedad; pero esa receta ya Chile la conoció en los 80’ con Pinochet/Buchi que reiteraban en esos años de que se debía “cuidar a los más ricos”.
Hoy en el Presidente Kast, se percibe un cierto un culto a los millonarios que es muy preocupante, ya que los dota a ellos de virtudes superiores, incluso señalando que el país debía agradecerles a aquellas familias millonarias que “han podido salir adelante” y uno puede concluir que la misión real de su gobierno es rebajarle impuestos -tanto la tasa corporativa, eliminar el impuesto a la ganancia de capital, la invariabilidad tributaria y la reintegración del sistema tributario-, flexibilizar los contratos por hora -lo que precariza el empleo-, subsidiar las imposiciones de los trabajadores, liberarlos del pago de la sala cuna para que ahora lo paguen los trabajadores vía el 0,35% del seguro de cesantía, con el objeto de que ellos puedan invertir en proyectos de inversión que traerán nuevos empleos – que a juicio del ministro Quiroz es la mejor política social-.
Esa ideología anti Estado y pro ricos en los años 80 en Chile tuvo un promedio de desempleo del 18%, el crecimiento llegó sólo a 2% después de la recesión de inicios de los 80’ y el nivel de pobreza por ingresos superó el 45% con 5,0 millones de chilenos viviendo en la pobreza, ese es el resultado de la política económica-social en los 80’ de la actual receta Kast/Quiroz.
Los mejores años de Chile en su historia han sido en democracia, con Acuerdos Transversales y con Responsabilidad fiscal, lo que ha desechado estos meses el ministro Quiroz cuando la oposición le ha planteado que su proyecto de rebaja de impuestos debe ir acompañado con Compensaciones Fiscales y la única respuesta gubernamental son los Recortes al gasto social de US$ 1.430 millones implementados este año que seguirán probablemente estos años.
El Presidente de la República no está escuchando a la ciudadanía, tampoco escucha a organismos técnicos como el Consejo Fiscal Autónomo, tampoco escucha a los senadores de Oposición que le proponen un acuerdo “sobre crecimiento y sostenibilidad fiscal” o sea no escucha a las mayorías, sólo tiene oídos para los inversionistas.
Esa lógica de no escuchar a la ciudadanía, de ningunear a las mayorías empieza a pasarle la cuenta ya que ni sus promesas del mensaje del 1º de junio lograron revertir la caída de la confianza ciudadana en la figura presidencial y ya el 55% de la ciudadanía no tiene “nada de confianzas” en su relato gubernamental, lo que explica que en está última semana haya perdido la calma y el aplomo que debiera caracterizar a los Presidentes de la República.
De manera más rápida que en otros casos, la decepción se apoderó de la ciudadanía ante un gobierno que prometió más seguridad en la campaña y no tenía planes ni equipos profesionales para combatirla, que prometió más empleos y al contrario se ve un horizonte este 2026 de menos empleos y menores salarios, la respuesta gubernamental es precarizar el empleo y mantiene paralizadas la implementación de las adjudicaciones de las nuevas inversiones en MOP y MINSAL.
Claramente estamos frente a una figura presidencial débil si se le compara con las que han dirigido el país en los últimos 36 años.
Editorial Cambio21. Kast contra Kast
