Las últimas 48 horas hemos sido mudos testigos de como Donald Trump impone su doctrina -basada en la vieja fórmula dictada por el presidente Monroe en el siglo XIX- en que los grandes poderes militares y económicos se reparten el mundo y donde nadie puede incidir ni ser informado -excepto el círculo íntimo de Trump como Vance, Rubio y el Estado Mayor de las FFAA estadounidenses-.
Incluso los parlamentarios del Partido Demócrata en EEUU e influyentes medios de comunicación como el New York Times y el Washington Post reclaman la ilegalidad del uso de este poderío militar; pero nada mueve al nuevo "emperador" de sus propósitos y de su relato comunicacional -que además se asemejan a los de Netanyahu en Gaza-.
Es un hecho indesmentible que -con el paso de las horas- está quedando meridianamente claro que a Trump no le interesa restablecer la democracia en Venezuela, ni sancionar el fraude de julio 2024 e incluso en su punto de prensa del sábado “ninguneó” a la reciente Premio Nóbel María Corina Machado y su liderazgo señalando que “no tiene el apoyo ni el respeto del país”.
El secretario de Estado, el canciller Marco Rubio ha informado que EEUU aceptará una transición con el chavismo vía Delcy Rodriguez (Vicepresidenta de Maduro) lo que según diversos sectores generará una fuerte decepción en los venezolanos -tanto los que viven allá como en los 8 millones de exiliados que celebraban jubilosos este sábado. Esto implica que la caída de Maduro no significó el final del chavismo ni el regreso a la democracia con Edmundo González y María Corina Machado, los líderes de la oposición.
Queda claro que para Trump la prioridad no era terminar con la dictadura, ni liberar a los presos políticos, ni restablecer la democracia; su principal motivación por lo dicho en el punto de prensa del sábado es retomar el control e impulsar una industria robusta de petróleo -que tiene las principales reservas del mundo- y recuperar la inversión de sus empresas.
Su interlocutora es Delcy Rodriguez que además fue ministra de Hidrocarburos y que pareciera estar dispuesta a permitir una explotación dominante por empresas de Estados Unidos, a proteger sus intereses. Es revelador de una lógica pragmática de Trump y Rubio que a nadie debe sorprender.
Es la materialización de la nueva doctrina Monroe que impulsa Donald Trump mediante una versión autoritaria y desenfadada de que América Latina es el patio trasero de EEUU. El último documento de la Estrategia de Seguridad Nacional ya lo anticipaba, cuando apuntaba que Estados Unidos se reservaba el derecho de actuar unilateralmente cuando sus intereses estratégicos, que con Trump tienen que ver más con el petróleo, probablemente el litio, las tierras raras, eran amenazados. Venezuela ha sido el escenario elegido para demostrar al mundo que ese giro no era retórico.
Por eso es un enorme error que Presidente Electo Kast haya respaldado la intervención militar de Trump sumándose al coro ideologizado de la ultraderecha latinoamericana y restarse de la crítica por no respetar las reglas del derecho internacional como lo han hecho personeros de derecha o de ultra derecha en el mundo, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni o los propios parlamentarios Republicanos de Estados Unidos, que han sido muy críticos con la decisión de Trump que no fue ni quirúrgica ni limpia como señalan los medios y el propio Trump. Más de 80 personas fueron asesinadas -hasta el momento- en esta incursión de guerra.
Chile desde Diego Portales que desconfió de la doctrina Monroe por su carácter “expansionista” y prefirió impulsar el comercio con Europa; en el siglo XX fuimos fuertes promotores de la Carta de Naciones Unidas, del respeto a la soberanía territorial, de la solución pacífica de las controversias y hemos sido activos promotores del respeto al orden internacional democrático y la integración multilateral con los acuerdos comerciales y no podemos avalar este intento de crear un nuevo orden mundial donde manda el más fuerte militarmente.
Una política internacional ideologizada, siendo coro de Milei para aplaudir a Trump y su doctrina del más fuerte, generará un clima de tensión en nuestro país que hará daño al clima interno, cuando el país requiere acuerdos transversales.
La comunidad democrática internacional no puede fingir normalidad, ni aceptar este relato autoritario de Trump/Rubio de petróleo si, la democracia aún no -donde la oposición democrática venezolana estorba-, porque deben esperarse los resultados de esta transición dirigida por EEUU vía Delcy Rodríguez.
Es la hora de seguir defendiendo con fuerza el derecho internacional, el respeto a las reglas democráticas, porque después de lo que señaló Marco Rubio todos estamos expuestos a que Trump aplique su nueva doctrina de interés estratégico.
Chile no puede cambiar su política internacional como fruto de acuerdos transversales mínimos entre los distintos sectores de la sociedad.
