Oh I'm just counting

La zanja que me avergüenza. Por Ricardo Hormazábal. Abogado, exembajador, expresidente DC y exsenador

En la cercanias de los 80 y alejado de la política activa, aunque nunca dejaré de ser DC, mi opinión no compromete a nadie sino a mí mismo.

Soy orgulloso hijo de una inmigrante nacida en México de nacionalidad española. Asimismo, en la época dictatorial, una beca alemana me liberó transitoriamente de la represión  y me permitió estudiar acompañado de mi señora y una de mis 3 hijas.

Miles de compatriotas lograron huir y recibir solidaridad en países vecinos y en otros continentes. Las barreras estaban bajas para salir y cerradas para volver.

También conocí muchas personas que huyeron antes por el miedo que tenian al gobierno UP y no hubo zanjas en ningún sentido.

No desconozco que la destrucción de las democracias en nuestro continente ha generado un flujo enorme de personas que huyen y tensionan las instituciones en paises como el nuestro. Es el Cambio de Época que tiene al mundo en llamas.

Sin  embargo, Chile tiene principios que recordamos orgullosos en nuestro himno nacional, instituciones que pueden hacer mucho más  y, cerca de un millón de beneficiarios directos o indirectos de la solidaridad internacional que nos recibieron sin muros ni zanjas.

Algunos chilenos quieren crear empresas en otros países pero, con la excepción de agricultores, no colaboran.

Se ha creado una imagen exagerada del impacto de los extranjeros en la delincuencia. 

En los años 1998 al 2000 tuve el honor de ser Embajador en Alemania y una de mis tareas era demostrar que la presencia de extranjeros era irrelevante en  los delitos.

Es efectivo que en Chile bandas internacionales han abusado de una permisividad exagerada y no hemos podido crear una política común con los vecinos. Las crisis de los gobiernos vecinos han sido un gran obstáculo pero no nos libra de responsabilidad .

Entiendo y no descalificaré  la sensación de temor de muchos compatriotas. Pero creo que erramos el camino.

Los hijos de los inmigrantes que hoy gobiernan, empezando por el propio Mandatario y los que integran el parlamento no pueden enterrar los valores que les permitieron  a sus antepasados aportar a este país.

Por su parte,  los que disfrutamos  de la hospitalidad en el exterior en tiempos duros no podemos dejar de pagar esa deuda de honor.