Cuando hablamos de Irán, es imposible separar la política del poder religioso. Y en ese cruce se encontraba Alí Hosseini Jamenei, líder supremo desde 1989 y el hombre que definió el rumbo del país chií más poblado del mundo, hoy abatido; así lo informó el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Su figura fue central para entender no solo la política interna iraní, sino también las tensiones que periódicamente sacudieron a Medio Oriente—y desafían a Occidente— durante su mandato.
Jamenei no fue un clérigo o un político; fue un símbolo de continuidad en un régimen que ha enfrentó guerras, sanciones económicas, protestas internas y presiones internacionales.
Su estilo al gobernar combinó pragmatismo con ortodoxia religiosa, y su influencia atravesó todos los niveles en Irán: desde la política interna hasta la estrategia militar y la diplomacia regional.
De Mashhad a la Revolución Islámica
Nacido en Mashhad en 1939, Jamenei creció en una familia religiosa y conservadora. Desde joven mostró interés por la teología chií y se formó en seminarios donde los clérigos enseñaban no solo religión, sino también política, filosofía y resistencia.
En los años 60, se convirtió en un opositor activo al régimen del sha Reza Pahleví, participando en manifestaciones, organizando redes clandestinas de apoyo a la revolución y siendo arrestado en varias ocasiones. Estas experiencias marcaron su carácter político: un líder disciplinado, estratégico y acostumbrado a maniobrar en entornos hostiles.
Tras el triunfo de la Revolución Islámica de 1979, Jamenei ocupó un lugar estratégico en la consolidación del nuevo Estado: fue un puente entre la política y la religión, capaz de mediar entre la línea dura del clero y las necesidades de un país recién liberado del sha. Durante estos años, consolidó relaciones con líderes clave del clero y se ganó la reputación de hombre leal y eficaz dentro del movimiento revolucionario.
¿Qué es la teología chií?
La teología chií es la rama del islam que sostiene que la guía espiritual legítima solo puede provenir de los descendientes directos del profeta Mahoma, a través de su yerno Alí. Los chiíes creen que los imames son líderes infalibles, encargados de interpretar correctamente el Corán y la ley islámica. A diferencia del sunismo, donde la autoridad puede ser elegida por consenso, en el chiísmo la jerarquía clerical es central y combina poder religioso y político. En Irán, esta teología sustenta la figura del Líder Supremo y la noción de Wilayat al-Faqih, donde un clérigo dirige el Estado y la sociedad.
Presidencia y ascenso al poder supremo
En 1981, tras el asesinato del presidente Mohammad-Ali Rajai, Jamenei fue elegido presidente de Irán, cargo que ocupó hasta 1989.
Su mandato coincidió con la guerra Irán-Irak, un conflicto devastador que puso a prueba la estabilidad del país y moldeó su visión del poder: centralizado, fuerte y basado en lealtades clave.
Con la muerte de Ruhollah Jomeini en 1989, Jamenei fue nombrado Líder Supremo, el cargo más importante del país, que combina autoridad religiosa y política. Desde entonces, controla las fuerzas armadas, la Guardia Revolucionaria, el poder judicial, los altos cargos del clero y, de facto, la política exterior. Su palabra pesa más que la de cualquier presidente electo.
Dentro de Irán, Jamenei consolidó un sistema autoritario con control sobre medios, elecciones y disidencia.
Internacionalmente, su política fue desafiante: confrontó a Estados Unidos e Israel, respaldó a milicias y aliados chiíes en Siria, Líbano y Yemen, y mantuvo armamento nuclear como bandera de soberanía nacional.
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La sucesión y el futuro de Irán
Con su muerte a los 86 años, Jamenei fue el eje que mantuvo unido al régimen. Pero su fallecimiento plantea una incógnita histórica: ¿quién tomará el relevo y cómo afectará eso la política interna y regional?
La sucesión no solo es un tema de clérigos, sino un asunto que podría reconfigurar Medio Oriente. Jamenei no fue solo un líder religioso; era el guardián de un sistema que sobrevivió 37 años gracias a su habilidad para combinar poder político, influencia religiosa y control social. Entender a Irán sin Jamenei es casi imposible.
