Por Oscar Reyes P.

Su reciente libro "La reencarnación. Historia del alma", ha sido todo un éxito. Ha estado primero en ventas en librerías por varias semanas y los analistas lo comentan en todos los medios de comunicación.
El abogado, académico, escritor, tarotista y terapeuta de vidas pasadas, Jaime Hales ha publicado más de treinta libros de ensayo, poesía y espiritualidad.
Y en esta obra, Hales, aborda este tema desde una mirada personal, reflexiva y testimonial.
A partir de su formación intelectual y espiritual, de su propia experiencia y de años de trabajo como terapeuta de vidas pasadas, este abogado, ligado a una familia muy política -su padre fue ministro de Frei Montalva y de Patricio Aylwin- propone comprender el alma como una realidad en tránsito: una conciencia que aprende, vuelve, recuerda de manera fragmentada y enfrenta, en cada existencia, tareas pendientes.
Jaime Hales invita a considerar la vida humana como parte de una trayectoria más amplia, donde cada experiencia puede tener continuidad, sentido y que podría continuar después de la muerte.
Y se involucra en la política, donde incluso en la elección presidencial del 2025, algunos amigos de su partido, la DC, lo propusieron como candidato a la presidencia, cuestión que no prosperó.
Y hace un análisis del Gobierno:"Lo riesgoso de Kast es que él "añora" la dictadura, adhiere a las políticas del pinochetismo y sus propuestas" Y es "el primer Presidente pinochetista, después de Pinochet".
Su libro ha sido muy exitoso en las librerías y en los medios. Usted ha estudiado este tema hace muchos años como terapeuta de vidas pasadas. Llegando a una convicción suya. ¿Después de muertos, tenemos una reencarnación? ¿Qué ocurre cuando morimos? ¿Es nuestra única vida?
Cada persona es única, porque cada alma es única. El alma encarna en un cuerpo y así nace el humano. Al morir ese humano, el alma retorna a otra dimensión, que en la tradición es llamada Bardo. Es allí, donde, con la ayuda de maestros espirituales (emisarios de la divinidad) evalúa su vida recientemente experimentada como humano y luego se resuelve si habrá o no otra encarnación. Si el alma volverá a encarnar, en ese momento se decide cuál será su tarea principal y cuáles serán las otras almas que encarnarán cercanas a su entorno. Esa es una explicación amplia y general, pero no hay reglas fijas, que nosotros, los humanos, podamos conocer y decidir. Cada ser humano vive su propia experiencia. Cada alma vive su propia experiencia. El ser humano se agota en su mundo. Si ha cumplido sus tareas, vendrán otras nuevas. Si no las ha cumplido, tendrá nuevas oportunidades de cumplirlas.
¿Qué ocurre a nuestra alma?
La muerte es un hecho humano. El alma se desprende. Cuando alguien muere su alma se puede aliviar de los pesares que tenía su cuerpo y, salvo que haya sufrido amarres emocionales, en general después de su muerte se va a la dimensión espiritual. Eso puede demorar entre tres y cuarenta días de acuerdo a las experiencias conocidas. La muerte es un final para el humano y el inicio de una transición para el alma ya desprendida. Esos procesos son propios de cada persona y cada alma y no se pueden – no se ha podido hasta ahora – establecer pautas fijas. En el plano espiritual la realidad es muy distinta, porque cada ser y cada energía es única. El acto de morir puede parecer una transición, pero la muerte en sí marca el inicio de procesos distintos para el cuerpo y para el alma.
En estos días, diversos partidos del Gobierno de Kast están exigiendo indultos para esos militares que cometieron esos abusos y crímenes. El cardenal Chomalí habló de clemencia. ¿Qué le parece estas posturas?
Estoy convencido de que es necesario ser clemente. Primero con quienes fueron víctimas de las violaciones de los derechos humanos. Y ello implica no sólo gestos reparatorios, de los cuales ha habido, sino además que ellos (nosotros) puedan ver un arrepentimiento por las conductas violatorias de sus derechos por parte de los ofensores. También ha habido algunos que lo han manifestado, como el caso de aquellos que llegaron a entregar información suficiente para esclarecer algunos hechos criminales.
Pero la mayor parte de quienes están presos no sólo no están arrepentidos sino que siguen sintiéndose orgullosos de sus conductas e incluso más de uno ha dicho que estando en la misma circunstancia haría lo mismo. Manuel Contreras Sepúlveda (jefe de la organización represiva, la DINA) manifestó que “lo haría mejor”.
La clemencia con los presos, que hay que tenerla, tiene como requisito fundamental el arrepentimiento de sus conductas y, en la medida que puedan, la petición de perdón. No todos lo harán, pero ya mostrarse arrepentidos implica asumir el daño hecho y la decisión de no perseverar en las justificaciones. Yo he sido partidario que los instigadores, cómplices (no existen cómplices pasivos, todos son activos), encubridores, justificadores políticos, también debieron responder penal y civilmente por su conductas.
Pero nadie lo consideró así. Siempre me perturbó que ellos incluso ocuparan altos cargos parlamentarios o posiciones de poder en la sociedad sin que recibieran ni siquiera reproches por ello. Podría dar los nombres, pero no caben en esta entrevista. La historia se encargará de grabar sus nombres en piedra para que ninguna mano los pueda borrar.
¿Clemencia? De todos modos, sobre esta base: arrepentimiento y en la medida de que aún puedan, verdad y perdón. Nada quisiéramos más que perdonar, pero para para eso tengo derecho a reclamar que alguien me diga “perdóname”. ¿Qué salgan de las cárceles y de los hospitales institucionales donde los cuidan cuando se enferman? Por supuesto, sólo después de ese simple gesto. Alguien me dirá que pronunciarán arrepentimientos que no serán sinceros. Estrictamente no me sentiría capaz de calibrar eso. Si expresan arrepentimiento, a mí me bastaría.
Tenemos por primera vez desde la vuelta a la democracia, un presidente pinochetista. Hizo campaña para que el dictador se quedara 8 años más en el poder. ¿Cúal es su análisis del Presidente Kast y su Gobierno?
No me parece que se pueda hacer un análisis muy profundo de un gobierno que está partiendo. Más bien se puede hacer una descripción de lo que sucede y confrontarlo con sus dichos. Efectivamente es el primer presidente pinochetista después de Pinochet. Pero no es el primer gobierno de los pinochetistas. Toda la UDI fue partidaria del dictador. Incluso se llamaban “UDI por el Si” cuando debieron reconstituirse en 1988. Chadwick, Longueira, Matthei, fueron ministros de Piñera y entusiastas de Pinochet y la dictadura. Y con ellos, muchos otros. Lo riesgoso del gobierno de Kast es que él "añora" la dictadura, adhiere a las políticas del pinochetismo y sus propuestas en materias de “seguridad” incorporan preceptos y posturas que fueron propias de los años 80. Este gobierno ha sido hasta ahora desordenado, desprolijo, falaz en muchas de sus afirmaciones y no se ve que tenga planes claros pese a sus 12 años de discursos críticos.
