Oh I'm just counting

Chile comienza en marzo. Y también comienza una decisión de liderazgo. Por Juan Pablo Laroze, Fundador y Socio Redmat, Senior Coach, Ingeniero en administración de empresas

Marzo no solo marca el regreso a la rutina laboral. Reactiva expectativas, decisiones de consumo, nuevos propósitos y la manera en que las organizaciones empiezan a proyectar su futuro. Este 2026, además, se inicia en un contexto especialmente relevante: la antesala de un cambio de gobierno este 11 de marzo, que vuelve a instalar preguntas sobre estabilidad, crecimiento y rumbo país.

Desde esa reflexión surge una pregunta inevitable: ¿es suficiente una mirada centrada únicamente en la productividad y los resultados económicos? ¿O el verdadero desafío hoy es cómo vamos a liderar y qué tipo de liderazgo ejerceremos en esta nueva etapa?

Durante años se habló de productividad y bienestar como si fueran conceptos opuestos. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario: sin bienestar no hay compromiso; sin confianza no hay innovación; y sin propósito compartido no hay crecimiento sostenible. Cada vez es más evidente que el desempeño económico de largo plazo también depende de factores menos visibles, como la calidad de las conversaciones, la confianza interna y la forma en que cuidamos nuestras culturas organizacionales.

El Chile que viene no dependerá solo de políticas públicas o indicadores macroeconómicos. También estará marcado por cómo las organizaciones asuman su rol social y humano. Cada decisión de liderazgo trasciende la empresa: impacta en familias, comunidades y en la confianza colectiva que sostiene el desarrollo de un país.

En este contexto cobra sentido la idea de esperanza activa, planteada por el filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han. Él sostiene que la esperanza auténtica no consiste en esperar pasivamente tiempos mejores, sino en abrir posibilidades de acción. La esperanza, entonces, no es una espera inmóvil: es práctica.

Han advierte que una sociedad pierde vitalidad cuando queda atrapada en el cansancio y la incertidumbre sin un sentido compartido. Frente a ello, propone entender la esperanza no como un optimismo ingenuo, sino como una fuerza capaz de generar nuevas posibilidades. En el momento que vivimos, esa mirada adquiere una dimensión muy concreta: la esperanza se ejerce.

Quizás el desafío de este marzo no sea predecir el escenario económico, sino decidir qué liderazgo queremos ejercer dentro de él. Porque el futuro no es un lugar al que simplemente llegamos; es una realidad que construimos cada día a través de nuestras decisiones y conversaciones.

Hoy, esa esperanza activa se transforma en una tarea concreta para líderes y organizaciones. No se trata solo de adaptarse al cambio político o económico, sino de generar estabilidad desde la forma en que lideramos. El desarrollo del país no ocurre únicamente en los espacios institucionales; también se construye en cada organización que decide poner a las personas en el centro sin perder foco en los resultados.

Tal vez el mayor aprendizaje de este marzo sea comprender que liderazgo, bienestar y economía ya no son conversaciones separadas. Son parte de la misma ecuación.

El Chile que viene no será definido únicamente por quién gobierne, sino por cómo decidamos liderar.

Y esa decisión comienza hoy.