Oh I'm just counting

El Oscar: fantástico para la comunicación y educación. Por Claudio Avendaño Ruz. Académico y profesor universitario

Estamos disfrutando de nuestro primer Oscar para Chile por largometraje y con una maravillosa película. “Una mujer fantástica”, la han podido apreciar muchos en el cine y también en una exhibición por televisión. Gran película y también un gran tema que, más allá de sus valores estéticos cinematográficos, ha generado y provocará muchísimas conversaciones acerca del contenido de la película del director Sebastián Lelio.
 
También hemos podido conocer la vida de la actriz Daniela Vega -protagonista del film- en entrevistas, reportajes y noticias e incluso la vimos como presentadora en los Oscar 2018. Esas conversaciones sobre la vida de una transgénero en ficción y no ficción nos ha permitido conocer una realidad marginalizada, estigmatizada e incluso personas que han sido atacadas violentamente. Así muchos hemos aprendido accediendo a información que solo manejaba un grupo minoritario y de los activistas que no han bajado los brazos desde hace algún tiempo, en nuestro país.
 
Acá hay un proceso formativo implícito sobre situaciones largamente ignoradas y que ahora, entre otras acciones, es más visible por la comunicación mediada a partir de esa mujer fantástica. La película, pero también su cobertura en la prensa, radio, televisión y las plataformas digitales el tema es mainstream. Lo han sacado de las orillas y han facilitado la comprensión ciudadana.
 
El audiovisual puede constituir un detonante educativo -en un sentido amplio, insistimos- para comprender el presente y el pasado, el aquí y el allá, la mismidad y la otredad.
 
Esto ha pasado en múltiples ocasiones con diversas películas que han generado procesos de aprendizaje intencionados que ayudan a la educación en un sentido amplio y también en los procesos pedagógicos en la escuela, previa preparación didáctica. En nuestro país hay larga tradición al respecto iniciado -entre otros y otras- por Alicia Vega y que fue visibilizada en “Cien niños esperando un tren” de Ignacio Agüero en los años ochenta.
 
El cine y la educación también tienen un antecedente cierto en los cine-club y otros formas de experiencia colectiva de disfrutar y conversar sobre cine. La Cineteca Nacional creó hace una tiempo en programa “Cineclub Escolar”, en que no solo se exhiben y comentan películas, sino que se enseña a los niños/ niñas y adolescentes a producir audiovisuales.
 
Actualmente el Festival Cine de Lebu ha trabajado con mujeres que crean sus propias producciones, a partir de sus realidades e intereses. También el Festival Ojo de Pescado de Valparaíso  es un referente nacional, no solo como espacio de exhibición de audiovisuales sino también por los talleres que ofrecen para la realizadores infantiles. Tanto la apropiación cinematográfica como producción de audiovisuales es una realidad que comienza a instalarse y esperamos que adquiera mayor masividad, en este siglo que algunos han bautizado como de la comunicación.
 
Otra buena noticia, es que este año se ha entregado un material muy valioso para la educación al cine. Se trata de “Patricio Guzmán. Cine documental y memoria“, editado por el Centro Cultural La Moneda, Cineclub Escolar y el aporte visionario del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Es una caja de herramientas que entrega un texto muy bien documentado con interesantes guías para un trabajo de formación, adecuadas a diferentes sectores y niveles de aprendizaje en la escuela. Y, además, trae seis documentales muy valiosos del gran realizador chileno de fama merecida. Es un material cuidadosamente elaborado con buen gusto en sus presentación y de gran utilidad para los docentes y los padres que deseen compartir nuestra historia reciente, con sus estudiantes/hijos.
 
Los abuelos y abuelas también podrán pasar unos momentos con sus nietos y nietas conversando e informado sobre hechos de nuestra historia reciente.
 
La potencialidad educativa del cine que, como decíamos, ha estado presente desde sus inicios, constituye hoy día un ámbito cardinal de la Comunicación y Educación, dado que el audiovisual puede constituir un detonante educativo -en un sentido amplio, insistimos- para comprender el presente y el pasado, el aquí y el allá, la mismidad y la otredad. Y también para vislumbrar el futuro y ahí el cine ha hecho aportes valiosísimos desde la legendaria (1927) Metrópolis de Fritz Lang -por nombrar una joya- para visualizar un futuro que, a veces por pesimista y negativo que puede parecer nos impele a ver nuestro presente con ojos críticos.
 
Pero no sólo se trata de la escuela y lo macrosocial, también podemos mirar nuestros propios recursos fotográficos y audiovisuales –individuales y/o familiares- para compartir nuestros propuestas biográficas e historias familiares, barriales, amistades, por ejemplo, que hablan de nosotros y que puedan gatillar conversaciones de épocas y lugares. Así podríamos conocernos, re conocernos, aceptarnos, querernos en una sociedad tan incierta, veloz y con tanta oferta de recursos desechables para el presente fugaz.
Se trata, entonces, de una mirada educomunicativa y no solamente de recursos didácticos -aunque aportan muchísimo- ya que nos ayuda a transformar los registros de la imagen y/o sonido para desencadenar espacios de puesta en común. Y de esto se trata, finalmente, la comunicación: poner en común.