Oh I'm just counting

La educación no se jubila: experiencia, trayectorias y la paradoja del currículum “sobrevalorado”. Profesor y exDecano de Educación U. Católica Silva Henríquez

En el último tiempo, no en nuestro país, ha comenzado a florecer con mayor fuerza la idea de valorar y reincorporar a las personas mayores en distintos ámbitos laborales, de hecho, uno ve con mucha alegría personas con más edad, trabajando y que demuestran un gran compromiso. 

No así en el campo de la educación, Al cumplir cierta edad, ya debes abandonar.

Se instaló la creencia que, al alcanzar cierta edad, los profesionales debían “retirarse a sus cuarteles”, cediendo espacio exclusivamente a las nuevas generaciones. Esta visión, además de reduccionista, discriminadora ha demostrado ser profundamente empobrecedora.

Uno de los aspectos que me llama la atención de esta lógica es que muchas propuestas impulsadas por las nuevas generaciones, (por cierto, con muchas competencias) suelen reproducir debates, enfoques o estrategias que ya fueron ampliamente analizadas, aplicadas y evaluadas en el pasado. Incluso a nivel gubernamental, como algo anecdótico la locomoción colectiva en 1920, una expansión urbana desordenada y ahora es lo casi lo mismo. Entonces sin el diálogo intergeneracional, la educación corre el riesgo de avanzar en círculos, perdiendo tiempo y recursos en discusiones que podrían enriquecerse o incluso resolverse, a partir de la experiencia acumulada.

Por ejemplo, cada cierto tiempo, aparecen nuevas reformas educacionales, que generalmente coinciden, con los nuevos gobiernos.

La experiencia profesional en educación no es sinónimo de inmovilismo, sino de memoria pedagógica, criterio y capacidad de anticipación.

Quienes han transitado largos ciclos laborales han vivido reformas curriculares, cambios paradigmáticos, innovaciones metodológicas y tensiones institucionales; han cometido errores, pero también han aprendido de ellos. Esa experiencia permite contextualizar las modas educativas, distinguir lo verdaderamente transformador de lo meramente pasajero, y tomar decisiones con mayor perspectiva histórica y ética.

Además, los docentes y profesionales con trayectoria cumplen un rol insustituible como mentores, referentes y mediadores culturales. Su presencia favorece la formación de equipos más sólidos, promueve la reflexión crítica y fortalece la identidad institucional.

En educación, donde el sentido formativo trasciende los resultados inmediatos, la experiencia se transforma en un capital pedagógico y humano de alto valor.

Reconocer y mantener activos a profesionales con experiencia no implica frenar el recambio generacional, sino promover un encuentro virtuoso entre innovación y trayectoria. La educación se fortalece cuando integra miradas diversas, cuando articula la energía de lo nuevo con la sabiduría de lo vivido.

Prescindir de quienes han dedicado su vida a educar es una pérdida , sino también una baja perspectiva estratégica para cualquier proyecto educativo que aspire a ser realmente transformador.