La consolidación del Small Satellites & Services International Forum (SSSIF) como espacio estratégico del sector espacial europeo ofrece lecciones claras para Chile. Bajo el lema “Comunicaciones seguras y otras tecnologías de uso dual”, el foro que acogerá España en la ciudad de Málaga, en este mes de febrero, refleja una visión coherente entre política pública, industria, defensa e innovación, orientada a fortalecer la autonomía estratégica, reducir dependencias críticas y garantizar soberanía tecnológica en un escenario geopolítico cada vez más exigente y desafiante.
Ese enfoque debiera constituir una referencia directa para la Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE), que se realizará en Chile apenas dos meses después, en abril de este año. Su relevancia es mayor aún en el contexto del primer año de un nuevo gobierno encabezado por José Antonio Kast, representando una coyuntura excepcional para dejar atrás, con prontitud y claridad, enfoques restrictivos y carentes de visión país que terminaron por erosionar el prestigio internacional de nuestra principal vitrina aeroespacial. FIDAE no puede reducirse a una exhibición comercial ni a un evento meramente protocolar, y menos aún a un escenario de tensiones políticas circunstanciales o decisiones personalistas. Por el contrario, está llamada a consolidarse como una auténtica plataforma estratégica de Estado, coherente con una visión país de largo plazo en materia aeroespacial, de defensa, ciencia, tecnología e innovación.
Europa —y particularmente España— ha comprendido que el espacio, las comunicaciones seguras, las tecnologías cuánticas y los sistemas de uso dual ya no son nichos especializados, sino pilares de la soberanía nacional. La participación de la OTAN, la NASA, la ESA y agencias espaciales nacionales en el SSSIF no es simbólica: responde a la necesidad de articular capacidades civiles y militares, industria y academia, seguridad y desarrollo económico. Chile, con una ubicación geoestratégica privilegiada y una tradición aeroespacial relevante en la región, no puede quedar al margen de esta lógica, por lo que no puede desaprovechar ni un minuto la vitrina internacional que la FIDAE, una de las ferias aeroespaciales más importantes del planeta, le brinda.
En otras palabras, FIDAE debería evolucionar hacia un modelo similar: incorporar con mayor fuerza el debate sobre autonomía tecnológica, resiliencia de infraestructuras críticas, comunicaciones seguras, observación terrestre, articulación regional, ciberdefensa y espacio como dominio estratégico. Esto exige una señal política clara desde el Ejecutivo, entendiendo que la inversión en estas áreas no es un gasto, sino una condición para la seguridad, la competitividad y la inserción internacional del país.
Asimismo, el ejemplo europeo muestra la importancia de la retención de talento y la formación de capital humano avanzado. Sin una política activa que vincule a las Fuerzas Armadas, universidades, centros de investigación y empresas tecnológicas, cualquier ambición aeroespacial será frágil. FIDAE puede —y debe— ser el punto de encuentro donde esa articulación se haga visible y operativa, proyectando a Chile como un socio confiable en el ecosistema aeroespacial internacional.
En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, disrupciones tecnológicas y competencia estratégica, la neutralidad pasiva ya no es una opción. El primer año del nuevo gobierno es clave para definir el rumbo. Si Chile aspira a jugar un rol relevante en el ámbito aeroespacial y de defensa, FIDAE debe reflejar esa ambición: menos feria y más estrategia; menos dependencia y más soberanía; menos retórica y más visión de Estado.
La experiencia europea está sobre la mesa. El desafío para Chile está planteado y dependerá del nuevo Gobierno saber aprovecharlo y leerlo a tiempo.
