La democracia, tal como la configuró él liberalismo, es un orden político. Sin embargo, la democracia, en su significado ético-político, es mucho más que un principio de reglas destinadas a guiar los procesos colectivos. Hay, por tanto, una democracia real, formal, que muchas veces está por debajo de la democracia ideal y solo, raramente, la sobrepasa. La democracia como valor es una forma de vida y por ello lleva entrañablemente incorporada la idea del conflicto y del cambio.
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