En esta jornada, el Papa León XIV nos ha puesto, en el mundo entero, a analizar, diseccionar su Encíclica “Magnífica Humanidad” en la que aborda la manera en que la Inteligencia Artificial está moldeando el mundo, cambiando las relaciones interpersonales, poniendo en riesgo el futuro de la humanidad tal como la conocemos, exponiendo a más guerras y muertes, instalando a los tecnócratas como poderes superiores a las naciones y sin ningún tipo de control, amenazando aún más el medio ambiente, permitiendo la extracción de minerales a costa del trabajo casi esclavo infantil.
Para quienes usan las distintas herramientas que conforman el ecosistema de la IA en el mundo, todas esas disquisiciones pueden resultar alarmistas, ajenas al uso diario y permanente que facilita sus vidas y aumenta su valor o rendimiento laboral, académico y o cultural.
Pero León XIV no escribió esta encíclica para que todo quede igual. La elaboró para remecer conciencias, tocar a gobernantes, a los tecno oligarcas dueños de las empresas de Inteligencia Artificial y para llamar la atención respecto de amenazas que derivan de su uso por parte de quienes no se miden ni ética, ni moralmente.
Hasta el momento las tecnológicas operan, crecen y se desarrollan sin ningún tipo de control y las acciones tímidas en esta línea se han visto sólo en algunos países de Europa que visualizan no sólo el potencial de la IA, sino también las amenazas a la seguridad, a los sistemas democráticos, a la vida de las personas sin modelaciones algorítmicas.
León firmó “Magnífica humanidad” en una fecha simbólica: el 15 de mayo, cuando se cumplieron 135 años de la emisión de la encíclica Rerum Novarum de León XIII, quien abordó de forma clara y decidida la cuestión social emanada del proceso de Revolución Industrial de fines del siglo XIX. Ese momento histórico representó un salto exponencial en el desarrollo, pero a costa del trabajo humano sin reglas, ni respeto a su dignidad.
Hoy se vive otra revolución que, junto con representar posibilidades, también acarrea peligros, y esos peligros son los que el Papa expuso. Inicia su mensaje recordando que la humanidad, en un reto soberbio a la creación, levantó la Torre de Babel y fue castigada. La IA puede ser la torre de nuestro tiempo, la que pretendiendo “llegar al cielo” termine siendo una condena para la humanidad y sólo una ganancia para sus dueños y sus altos funcionarios.
El Papa habla de “desarmar” la IA y -advirtiendo que se trata de una palabra fuerte-, explica que la usó para captar la atención por los riesgos implícitos en esta tecnología. Pidió perdón por el hecho de que la Iglesia tardara siglos en condenar la esclavitud y relacionó el comercio de esclavos con la IA y la posibilidad de que la humanidad normalice la explotación de las personas. Ello puede ocurrir tanto en la producción de estas tecnologías -desde la extracción en condiciones inhumanas de “tierras raras”, hasta la producción de partes en naciones donde la mano de obra es explotada-, como en el uso de sus aplicaciones donde el ser humano queda al margen de las interacciones que dictan algoritmos que parecen estar superando la voluntad de sus creadores.
Poco se habla, además, del uso intensivo del agua en los centros de datos, recurso que mediante el calentamiento global se encuentra en peligro inminente. “Desarmar” no significa terminar, eliminar, para León XIV significa dotar a esta herramienta de controles, de uso ético, de supervisión.
A tan sólo horas de su emisión “Magnífica humanidad” se ha tomado el centro del debate. Leerla y analizarla en detalle, haciendo las conexiones necesarias debería ser una obligación, pero existe el peligro de que tras su lanzamiento mediático y mundial quede rezagada. Eso sucedió con “Laudato si” de Francisco, que puso las alertas sobre la explotación de la tierra y sus recursos, pero que obviamente no gustó a los dueños del mundo, de las guerras y de las naciones.
IA: las advertencias del Papa León XIV: Por Myriam Verdugo Godoy, periodista
