Oh I'm just counting

El Partido Nacional Libertario como partido polarizador. Por Eduardo Saffirio, Abogado

La relación entre el Partido Republicano y el Partido Nacional Libertario entró en una nueva etapa. Ambos comparten una parte importante de sus diagnósticos sobre seguridad, migración y tamaño del Estado. También coinciden en diversas materias morales. Esa proximidad, sin embargo, ha abierto una disputa por determinar quién representa de manera más auténtica a la nueva derecha.

El PNL busca demostrar que Republicanos ha moderado sus convicciones como consecuencia del ejercicio del Gobierno. Cada negociación parlamentaria y cada restricción fiscal pueden ser presentadas como señales de claudicación. Una recomendación técnica que contradiga sus propuestas también sirve para sostener esa acusación. La competencia ha dejado de ser únicamente electoral. Se ha convertido en una disputa por la autenticidad de la derecha gobernante y por la definición de sus límites políticos e institucionales.

Esta conducta permite caracterizar al PNL como un partido polarizador. La expresión requiere alguna precisión. No se encuentra tan asentada en la literatura como otras categorías utilizadas para estudiar a las organizaciones partidarias, aunque posee antecedentes relevantes en los trabajos de Giovanni Sartori y Giovanni Capoccia.

La distinción entre varios tipos de partidos resulta útil. Un partido radical ocupa posiciones alejadas del centro político. Un partido polarizador incrementa la distancia entre los actores y vuelve más costoso el compromiso. La categoría de partido desafiante alude a una organización que disputa el predominio de los partidos establecidos y procura alterar los términos habituales de la competencia. Un partido antisistema cuestiona la legitimidad del régimen democrático o algunos de sus principios fundamentales.

Estas categorías pueden coincidir parcialmente, pero no son equivalentes. Un partido radical no desarrolla necesariamente una estrategia polarizadora. Una fuerza desafiante puede respetar las reglas democráticas. También puede ocurrir que un partido produzca efectos polarizadores sin oponerse integralmente al sistema político.

Sartori estudió a los partidos antisistema y los efectos que ejercen sobre la competencia. Capoccia distinguió posteriormente una condición antisistema ideológica y otra relacional. La primera se refiere al rechazo de los principios fundamentales del orden político. La segunda atiende a los efectos que un partido produce sobre el funcionamiento del sistema. Se expresa en el aumento de la polarización, la pérdida de legitimidad del compromiso, el debilitamiento de la cooperación y la reducción de las posibilidades de formar coaliciones.

Capoccia denomina polarizadores a los partidos que presentan esta dimensión relacional sin rechazar integralmente el régimen democrático. La categoría resulta particularmente adecuada para examinar al PNL, pues dirige la atención hacia su influencia sobre los demás actores y evita reducir el análisis a la ubicación ideológica del partido.

Un partido polarizador aumenta deliberadamente las distancias y convierte las diferencias prudenciales en pruebas de identidad. Su influencia también se manifiesta cuando presiona a las fuerzas cercanas para que abandonen posiciones más cautelosas. Puede producir estos efectos aunque conserve un tamaño electoral reducido, pues su poder deriva de la capacidad para modificar los incentivos de sus competidores.

Con los antecedentes disponibles, el PNL puede ser descrito claramente como una organización radical y polarizadora. También posee rasgos propios de un partido desafiante. La calificación de antisistema exige una evaluación más amplia de su conducta frente a las elecciones, el pluralismo, las instituciones y los derechos fundamentales. Las declaraciones de Johannes Kaiser sobre una eventual ruptura constitucional hacen que esa pregunta sea muy relevante.

Cuando todavía ejercía como diputado, Kaiser afirmó en una entrevista que apoyaría “sin duda” un nuevo golpe de Estado si se reprodujeran circunstancias semejantes a las de 1973. Ante una segunda pregunta agregó que lo haría “con todas las consecuencias”.

Un grupo de parlamentarios solicitó al Tribunal Constitucional su cesación en el cargo. El Tribunal rechazó el requerimiento por siete votos contra tres debido a que Kaiser había terminado su período parlamentario y la acción había perdido su objeto. El fallo, por lo tanto, no constituye una condena jurídica ni contiene una declaración de responsabilidad sobre el fondo.

Tampoco equivale a una absolución sustantiva. La mayoría evitó pronunciarse porque ya no existía un cargo parlamentario del cual removerlo. Tres integrantes estuvieron por acoger el requerimiento y sostuvieron que las declaraciones vulneraban la supremacía constitucional y el Estado de derecho.

El episodio representa un duro golpe político para Kaiser entre los sectores democráticos de la derecha. Sus palabras muestran que acepta, bajo determinadas circunstancias, una ruptura del orden institucional. Esa posición establece una diferencia cualitativa respecto de las controversias ordinarias sobre impuestos, migración o seguridad.

Para el electorado más radicalizado, el conflicto puede reforzar la imagen de coherencia del dirigente libertario. Kaiser aparece como una figura dispuesta a expresar posiciones que otros dirigentes evitan. Para los votantes de derecha comprometidos con la democracia constitucional, en cambio, el respaldo eventual a un golpe de Estado levanta una barrera difícil de franquear.

La disputa por los indultos a agentes del Estado condenados por delitos cometidos durante el estallido social refuerza esta dimensión del problema. El PNL ha presionado al Gobierno para que adopte una decisión rápida y amplia. La controversia vuelve a colocar a Kast ante una prueba de autenticidad impuesta desde su derecha.

La precisión jurídica y política resulta indispensable. Las personas que podrían recibir el beneficio no fueron condenadas por cumplir el deber de restablecer el orden público. Los tribunales determinaron que cometieron delitos mientras ejercían funciones estatales. La facultad presidencial de otorgar indultos existe, pero su ejercicio en estos casos transmite una señal que trasciende la situación particular de cada condenado.

Una política amplia de indultos podría instalar la idea de que ciertos delitos merecen una consideración especial cuando son cometidos por agentes encargados de proteger el orden. Sus efectos alcanzarían también a las víctimas. Además, reduciría los efectos de decisiones judiciales adoptadas después de procesos regulares.

El PNL vuelve a beneficiarse de la disyuntiva. Si Kast posterga los indultos o examina restrictivamente cada caso, los libertarios pueden acusarlo de abandonar a quienes, según su relato, defendieron al país durante el estallido. Si el Presidente concede los beneficios de manera extensa, asume un costo ante las víctimas y los sectores democráticos. Parte de la derecha institucional también podría distanciarse.

El mecanismo polarizador resulta visible. Una materia que debería examinarse considerando la gravedad de los delitos y los antecedentes particulares de cada condenado se transforma en una prueba general de lealtad política. La prudencia pasa a ser interpretada como cobardía. La preocupación por los derechos humanos pasa a ser presentada como una concesión a la izquierda.

Las declaraciones sobre un eventual golpe de Estado y la presión por los indultos revelan algo más profundo que una radicalidad programática. En ambos casos se relativizan límites institucionales cuando estos obstaculizan una determinada concepción del orden político. Allí aparece la dimensión más inquietante del papel polarizador del PNL.

El efecto acumulado de estas controversias consiste en ejercer un tirón hacia la extrema derecha sobre Republicanos y sobre el conjunto del oficialismo. El PNL procura desplazar los límites de lo aceptable y obliga al Gobierno a responder desde el terreno escogido por los libertarios.

Esta radicalidad proporciona al partido una identidad intensa. También puede imponerle un techo electoral. El PNL tiene espacio para crecer entre quienes consideran que Republicanos se ha vuelto demasiado cauteloso después de llegar al Gobierno. Su expansión hacia sectores liberales y conservadores democráticos será más difícil mientras no establezca un compromiso inequívoco con el orden constitucional.

La agenda moral ofrece otro campo de polarización. El proyecto “Escucha su corazón” buscó obligar a las mujeres a oír los latidos fetales antes de acceder a un aborto autorizado por la legislación de las tres causales. El Ministerio de Salud rechazó la propuesta por carecer de evidencia científica. La controversia obligó al Gobierno a pronunciarse sobre una demanda proveniente de los sectores más conservadores de la derecha.

Este tipo de iniciativas puede resultar rentable para el PNL aunque tenga escasas posibilidades de aprobación. Si Kast las respalda, corre el riesgo de perder apoyo entre los independientes y los votantes menos conservadores. Si las rechaza, los libertarios pueden acusarlo de abandonar sus convicciones. En cualquiera de los dos escenarios, el PNL obtiene visibilidad y refuerza su identidad.

La polarización opera aquí mediante pruebas sucesivas de fidelidad doctrinaria. Las diferencias prudenciales se convierten en juicios morales sobre la identidad del adversario. La negociación pierde legitimidad y comienza a ser interpretada como una expresión de debilidad.

La agenda económica reproduce una estructura semejante. Kast promueve reducciones tributarias y desregulación, aunque debe considerar las restricciones fiscales y reunir mayorías parlamentarias. El PNL puede exigir transformaciones más rápidas y recortes más profundos, próximos a la experiencia argentina de Javier Milei.

La asimetría entre ambos partidos es evidente. Republicanos debe gobernar y responder por los resultados en materia de seguridad, por la marcha de las políticas públicas y por el desempeño de la economía. También deberá asumir los conflictos sociales que provoquen sus reformas. Desde la oposición, el PNL puede preservar su pureza doctrinaria sin cargar directamente con los costos de aplicarla.

Esta posición permite a los libertarios sostener que cualquier fracaso se debe a una ejecución incompleta de las ideas correctas. Si la megarreforma no genera los resultados esperados, podrán afirmar que fue desfigurada por las concesiones. Si los recortes provocan rechazo social, podrán atribuirlo a errores del Gobierno.

Kast queda sometido a demandas difícilmente compatibles. Para ampliar una base de respaldo que se ha estrechado, necesita mostrar eficacia y contener algunos conflictos. Para evitar una fuga de electores hacia el PNL debe reafirmar su identidad conservadora y la profundidad de su programa económico. Cada movimiento hacia posiciones más prudentes abre espacio a Kaiser. Cada desplazamiento hacia la extrema derecha estrecha la base gubernamental.

Los estudios sobre polarización perniciosa asociados a Jennifer McCoy muestran que el problema se agrava cuando una división política comienza a ordenar el conjunto de las identidades sociales. Los adversarios dejan entonces de ser reconocidos como competidores legítimos y pasan a ser considerados amenazas para el país. El PNL contribuye a esa dinámica cuando presenta la negociación democrática como una forma de traición.

Su capacidad polarizadora no depende de transformarse inmediatamente en la fuerza principal de la derecha. Puede modificar los incentivos de Republicanos desde una posición minoritaria. Le basta con amenazar con captar a sus electores más intensos y cuestionar permanentemente la coherencia del Gobierno.

Esta presión puede profundizar la doble centrifugación del Sistema de Atomización Polarizado. La confrontación entre el Gobierno y la oposición aumenta la distancia entre los bloques. Al mismo tiempo, la disputa entre republicanos y libertarios intensifica la competencia dentro de la derecha y desplaza sus límites hacia posiciones más extremas.

El PNL enfrenta sus propias restricciones. Una identidad construida alrededor de un liderazgo confrontacional puede dificultar la institucionalización del partido. Las controversias aumentan su visibilidad y cohesionan a sus adherentes más fieles. Sin embargo, también pueden alejar a quienes valoran la seguridad o el crecimiento, pero rechazan las posiciones autoritarias.

La paradoja libertaria radica precisamente allí. Aquello que fortalece su identidad puede limitar su capacidad mayoritaria. El PNL puede adquirir poder para polarizar mucho antes de desarrollar capacidad para gobernar.

Su influencia sobre Kast ya es significativa. El Gobierno debe evaluar cada decisión considerando la reacción de un competidor situado a su derecha. Republicanos llegó a La Moneda después de desplazar a una derecha tradicional a la que acusó de cobardía y entreguismo. Ahora enfrenta a una fuerza que intenta aplicarle el mismo mecanismo.

El PNL no necesita reemplazar de inmediato a Republicanos para transformar el sistema político. Le basta con conseguir que Kast gobierne mirando permanentemente hacia su derecha. Si lo consigue, habrá aumentado su influencia mucho antes de alcanzar una posición electoralmente preeminente.