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Primer asesino serial de la dictadura: Detalles desconocidos de la deserción del agente de la DINA Fernández Larios para huir a EEUU y declararse culpable del crimen de Orlando Letelier. Escritor y periodista Benedicto Castillo cuenta los detallles

Por Benedicto Castillo I.

¿Por qué hoy hablamos de un sujeto con cara muy avejentada y que el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicó en una lista con extranjeros detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y que en la nómina hay 42 chilenos acusados por diversos delitos?

Porque en esa lista, el "más famoso" es el exagente de la policía política de Pinochet, la DINA, oficial del Ejército, Armando Fernández Larios, hoy con 75 años y que para muchos expertos en derechos humanos, uno de los primeros asesinos seriales de la dictadura.



“Arrestados: lo peor de lo peor”, se titula el sitio web del organismo norteamericano donde señalan que “El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos está destacando a los peores criminales extranjeros arrestados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)”

“Bajo el liderazgo de la Secretaria Kristi Noem, los hombres y mujeres trabajadores están cumpliendo la promesa del Presidente Trump y llevando a cabo deportaciones masivas, comenzando con los peores de los peores, incluidos los inmigrantes ilegales que ven aquí”.

En el puesto 9 de la lista figura Armando Fernández Larios, ex agente de la Dirección de Inteligencia Nacional DINA, la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet que operó cometiendo asesinatos y torturas en los años 70 y comandaba Manuel Contreras, el "mamo".

La ficha señala que Fernández Larios está condenado por homicidio y fue detenido en la ciudad de Fort Myers, Florida, a unos 45 minutos de Miami.

La ficha del delator o testigo protegido en EEUU

Desde hace 39 años que el exmayor del Ejército Armando Fernández Larios vive en Fort Myers, Miami Dade, en el estado de la Florida, como delator o testigo protegido de Estados Unidos.  Porque la noche del jueves 22 de enero de 1987 desertó del Ejército y se entregó a agentes del FBI en el aeropuerto Arturo Merino Benítez, abordando en la losa un avión del director del FBI.

Había sido una derrota del dictador Augusto Pinochet, pues el agente Fernández Larios reconocería haber participado en el atentado terrorista contra el excanciller Orlando Letelier, en Washington, el 21 de septiembre de 1976. El asesinato del exministro de Allende, ocurrió en la avenida Sheridan a ocho cuadras de la Casa Blanca y en el brutal bombazo al auto del excanciller y exministro de Defensa, murió también su secretaria, Ronni Moffit y su marido quedó gravemente herido.

No se subió a ese auto, y salvó en forma providencial, el excanciller y hoy embajador en Estados Unidos, Juan Gabriel Valdés, que trabajaba con Orlando Letelier en Washington y salvó de morir o quedar herido.

Pero también es verdad que el autor de esta crónica fue el primero en identificar al entonces capitán Armando Fernández Larios, cuando declaró por primera vez ante el ministro en visita Adolfo Bañados Cuadra, a cargo de la investigación del denominado “caso Pasaportes”.

La prensa de entonces no tenía las fotografías de los agentes que el FBI tenía identificados como “Juan Williams Rose” y “Alejandro Romeral Jara”, dos chapas de los agentes de la DINA buscados por el FBI y que el diario “El Mercurio” había publicado como los implicados en la acción violenta y de terror en la capital de EEUU.

El diario había recibido las fotos de parte de la embajada y de la propia dictadura como parte de un operativo comunicacional y político para "manejar" la información y que no hubiesen trascendidos de la naciente oposición a Pinochet y a su regimen.

Dichos agentes eran el recién ascendido a mayor del Ejército y agente de la DINA, Armando Fernández Larios y el agente civil también de la DINA y con doble nacionalidad, chilena-estadounidense Michael Townley y no se tenía las imágenes.

El caso es que el autor de esta crónica era reportero del diario “La Tercera” y cubría las noticias judiciales. Y desde luego cubrió la más importante del año 1978: el “caso Pasaportes”, las diligencias e interrogatorios que realizaba el ministro Adolfo Bañados.

La tarde del 19 de octubre correspondió declarar al capitán Armando Fernández Larios y lo hizo en medio de severas medidas de seguridad, porque los agentes que lo protegían emplearon argucias para que no lo fotografiara la prensa, como ingresarlo por zonas dispuestas solo para ellos en el enorme Palacio de Tribunales, con tres ingresos: calle Morandé, calle Compañía y calle Bandera.

Fue una verdadera batalla con los periodistas de tribunales, para ocultar los agentes que declaraban ante el juez investigador.

Pero ese jueves 19 de octubre, la comparecencia del agente Fernández Larios se extendió hasta la noche y a sabiendas que los escoltas usarían salidas clausuradas al público y a la prensa, decidí jugarme por esperar en la salida del Palacio de Tribunales por calle Bandera.


 Y así fue. A las 21:00 horas salió escoltado por tres agentes, uno de ellos el conocido convicto por asesinatos, mayor Alvaro Corbalán Valenzuela. Me abalancé sobre Fernández y le hice cinco preguntas, ninguna de las cuales respondió. Pero tenía el golpe periodístico para el diario “La Tercera”. Y mi editor de entonces, Mario González, publicó en la portada del matutino la fotografía de Fernández Larios, teniendo a su lado al periodista con su grabadora en ristre.

Operación especial del FBI

Posteriormente, publiqué detalles de la operación realizada por el FBI en mi libro de investigación “EMBLEMÁTICO CRIMEN DE TUCAPEL JIMÉNEZ: EL CONDOR QUIERE CARNE”.

En el capítulo XVI relaté los siguientes antecedentes sobre la operación de deserción de Fernández, su reconocimiento en el plan criminal y su entrega a las autoridades de Estados Unidos, coordinada por el jefe de la estación de la CIA y la DEA en la embajada en Chile: Jeffrey “Jeff” Hall, cuyo embajador era Harry Barnes.

Jeff Hall articuló una operación a gran escala con agentes del FBI y fiscales del Departamento de Estado, para convencer al mayor (R) de Ejército Armando Fernández Larios, de emigrar a los Estados Unidos y declararse culpable en el juicio por el asesinato del ex Canciller Orlando Letelier.

Fernández Larios accedió y abandonó el país el jueves 22 de enero de 1987. Los detectives de Policía Internacional no pudieron impedirle el paso, al no existir orden en tal sentido. En cuanto abordó el vuelo 921 de la línea aérea VARIG, que lo llevaría a Brasil, quedó bajo la protección del FBI. Hizo escala en Río de Janeiro, donde lo esperaba el jet privado del director del FBI, para continuar viaje a EE.UU.

Previamente, bajo secreto absoluto, negociaron en Santiago los agentes norteamericanos David Franklin Geneso, Stanley Dimentel y Axel Kleinboimer, su posterior abogado defensor en el juicio, durante los días 12 al 17 de enero. Los acuerdos quedaron en un acta de nueve puntos, copia de la cual se publicó el 13 de febrero.

Fernández Larios deserta al Ejército presionado por la CIA y el FBI

En sendas cartas dirigidas al Vicecomandante en Jefe del Ejército de entonces, el recién fallecido general Santiago Sinclair, y al presidente de la Corte Suprema, Israel Bórquez, -fechadas 21 de enero- Fernández Larios comunica su renuncia al Ejército y expone su verdad sobre el caso Letelier.

La opinión pública se informó recién el miércoles 4 de febrero, cuando la primera edición del matutino tabloide La Tercera, en la sección cables titula una noticia pequeña “Fernández Larios Apareció en USA”. Los lectores madrugadores se enteraron de súbito que el hasta hacía un mes oficial de Ejército chileno, acusado en 1978 de participar en el complot contra Letelier, iba a declarar esa mañana en Washington. La espectacular revelación se difundió con rapidez, aunque ya en la segunda edición del referido matutino esa misma mañana, la noticia había sido reemplazada.

Efectivamente, el oficial desertor confesó ante el Gran Jurado su culpa en la misión preparatoria del atentado: Que había viajado con la agente apodada “Liliana Walker”, por orden del coronel Pedro Espinoza y del general Manuel Contreras, jefe de operaciones y director, respectivamente, de la DINA. Luego proporcionó al agente civil DINA Michael Townley toda la información reunida para que ejecutase el bombazo sobre Letelier.

A su vez, Townley, entre los días 16 y 19, en concomitancia con los cubanos José Dionisio Suarez Esquivel y Virgilio Paz Romero, preparó e instaló la bomba debajo del automóvil del excanciller chileno. El 21 de septiembre de 1976, cuando el vehículo recorría el Sheridan Circle, zona de embajadas en el Distrito de Columbia, fue detonado a control remoto el explosivo, causando horrenda muerte a Letelier y a su secretaria Ronni Moffit.

La deserción despertó en Pinochet su sentimiento de militar. Durante una visita al balneario Llolleo, el miércoles 11 de febrero, declaró a los medios de comunicación: “Para mi modo de ver, (Fernández Larios) es un desertor”, informó el “El Mercurio” en portada.

Townley, norteamericano agente DINA, había sido expulsado el 8 de abril de 1978, a petición de la Casa Blanca, en el marco de una serie de tratativas con autoridades de la dictadura. Tras ser desenmascarado conjuntamente con Fernández Larios, este agente confesó su participación culpable en esa y en otras operaciones en las que actuó a pedido de sus jefes de la DINA.

Fernández y Townley se declaran culpables de los crímenes de Letelier y Moffit

Estando recluido en Virginia, EE.UU., Townley fue visitado especialmente por el general Héctor Orozco Sepúlveda, para “relevarlo del juramento de mantener en secreto sus actividades en torno al caso Letelier”. Así lo informó el tabloide “La Tercera”, el sábado 20 de enero de 1979, en un despacho desde Washington del enviado especial, Héctor Olave Vallejos, al juicio en la Corte Distrital de Washington.

El 4 de febrero de 1987 el acusado Armando Fernández Larios se declaró culpable de ser un “cómplice después del hecho”, en violación con el estatuto de los EEUU sobre asesinatos de oficiales extranjeros.

Fernández Larios, uno de los primeros asesinos seriales de la dictadura

Lo cierto es que luego de instalada en 1973 la dictadura, hubo varios oficiales del Ejército que se destacaron por su crueldad, instinto homicida y porque no decirlo cobardía. Muchos de los crímenes y asesinatos eran por la espalda, con personas con sus brazos amarrados o con mujeres incluso alguna de ellas embarazadas.

Fernández Larios, Manuel Contreras, Krassnoff, Pedro Espinoza y otros, eran de los primeros asesinos seriales de la dictadura. El plan de ellos era no dejar "vivos" a nadie que pensara distinto. Fernández, con el grado de capitán, participó en la Caravana de la Muerte, donde se fusilaba a toda persona que no fuera adepta al regimen. Y también estuvo en Calama y Pisagua, domde mataron a trabajadores de Codelco y también obreros de Iquique.

Viajaba en un tour delictual usando un helicóptero Puma del Ejército que lo encabezaba el general Sergio Arellano Stark. La aeronave aterrizó en casi todas las capitales del norte de Chile, dejando una estela de más de 150 muertos, fusilados o asesinados sin juicio alguno.

Hoy se conoce que la Segunda Sala de la Corte Suprema ya había autorizado, su extradición por varias causas de delitos de lesa humanidad en los que figura como autor. Los procesos que fueron iniciados hace años por el ministro Mario Carroza y algunos de ellos ahora están en manos de la magistrada Paola Plaza.

Desde el Poder Judicial, en el máximo tribunal, Fernández mantiene cinco causas en las cuales se ha solicitado su extradición. De estas, dos son por causas relacionadas a la Caravana de la Muerte, una por la causa Pisagua, otro en el caso del exembajador Orlando Letelier y otra catalogada como “Carmelo”, el asesinato del diplómatico español Carmelo Soria.

La primera extradición solicitada fue la denominada “Caravana de la muerte Calama”, cuya causa ingresó al máximo tribunal en 2007. La segunda corresponde al crimen del exembajador de Chile en Estado Unidos, Orlando Letelier, donde en 2016 se aprobó la extradición como autor del crimen de Ronie Moffitt, secretaria de Letelier.

Ese mismo año también se le requirió internacionalmente en la causa calificada como “Caravana de la Muerte La Serena”, en la cual se le responsabiliza como autor del delito de homicidio por hechos ocurridos en octubre de 1973. En 2016 también existe otro caso en su historial, pero que se mantiene reservado, sin embargo estaría relacionado con el crimen del diplomático español Carmelo Soria.