Por Antonia Paz
En Chile, la igualdad ante la ley es un principio constitucional. En la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ), en cambio, parece haberse transformado en una recomendación flexible, sujeta al tamaño del operador, al apellido del postulante o —por qué no— a la conveniencia del momento.
La evidencia es contundente y reciente. Hace unos días, el 22 enero de 2026, la SCJ decidió ponerse severa. Muy severa. Tanto, que puso término inmediato a procesos de otorgamiento de permisos de operación en Coyhaique y Ancud, porque los postulantes —ligados a Corporación Meier— no acompañaron a tiempo ciertos certificados: documentos tributarios, certificados de insolvencia y, en el caso de Ancud, incluso certificados de dominio y gravámenes del inmueble ofrecido.
Resultado: fuera del proceso, sin derecho a subsanar, sin segunda oportunidad, sin anestesia.
Hasta ahí, todo parecería coherente. La ley es clara: si no cumples los requisitos en tiempo y forma, no hay evaluación. Punto final.
Pero entonces aparece Talca. Y aparece Dreams.
Y con Dreams, la SCJ descubre una nueva vocación humanista: la rehabilitación administrativa. Donde a otros se les cerró la puerta por un par de certificados “menores”, a Dreams se le permitió subsanar, acompañar antecedentes fuera de plazo y, en los hechos, arreglar el proceso en marcha, incluyendo nada menos que el certificado de dominio vigente del inmueble, es decir, la piedra angular de cualquier postulación seria.
Para Corporación Meier, la SCJ fue cirujano cardiovascular:
— “Falta un certificado: se termina la evaluación”.
Para Dreams, la SCJ fue kinesiólogo, terapeuta y asesor legal:
— “No se preocupe, tráigalo después, lo vemos con calma”.
El contraste no es opinable: está negro sobre blanco en resoluciones firmadas el mismo día, por la misma autoridad, aplicando la misma ley… pero con resultados diametralmente opuestos. En Coyhaique y Ancud, la SCJ recordó que el artículo 21 bis de la Ley N°19.995 es fatal. En Talca, al parecer, el mismo artículo se volvió decorativo.
Cuando la demora también regula
Lo más delicado es que este doble estándar no es una discusión teórica ni una exageración retórica.
La Corte Suprema mantiene desde hace varios meses “en acuerdo” recursos de queja precisamente por este mismo motivo: la aplicación desigual de la ley por parte de la SCJ, la admisión de subsanaciones extemporáneas y el trato privilegiado otorgado a determinados operadores en procesos de licitación de casinos.
Ese prolongado estado de deliberación no es neutro. Favorece objetivamente a Dreams, que continúa desarrollando su proyecto bajo un escenario de hechos consumados y de la gravisíma acusación de haberse puesto de acuerdo en las postulaciones con otros operadores de casinos, conocido como el delito de colusión, mientras el máximo tribunal del país decide —con calma institucional— si el actuar del regulador constituyó falta o abuso grave.
En otras palabras: el tiempo juega a favor del operador beneficiado por el trato excepcional.
La demora judicial, sin proponérselo, termina consolidando aquello que precisamente se encuentra bajo cuestionamiento.
La pregunta es inevitable:
¿Estamos frente a un sistema regulatorio o a un casino normativo, donde la ruleta gira distinto según quién apueste y donde la inacción —administrativa o judicial— termina siendo parte del premio?
Porque si once certificados tributarios y un par de documentos formales bastan para expulsar a un postulante completo, pero la falta o inconsistencia del dominio del inmueble se puede corregir con posterioridad cuando el operador es Dreams, entonces el problema ya no es jurídico: es institucional.
La SCJ no solo dio una voltereta. Dio una voltereta con salto mortal, aterrizando siempre en el mismo lugar: el beneficio de un operador dominante, incluso cuando ese mismo comportamiento lleva meses bajo revisión de la Corte Suprema.
Y después nos preguntamos por qué la confianza en la regulación se evapora y por qué la palabra “igualdad” suena cada vez más a slogan que a regla.
En el casino regulatorio chileno, al parecer, la casa siempre gana.
Y si la casa se llama Dreams, además puede pedir carta, repartir de nuevo y ganar por secretaría, mientras el árbitro máximo del país sigue deliberando.
