La disputa por el liderazgo de la minería global tomó un respiro. El jueves 5 de febrero se puso término a las negociaciones entre Glencore y Rio Tinto, conversaciones que habían instalado la posibilidad de una operación capaz de
alterar el equilibrio de poder del sector y desafiar directamente la posición de BHP.
La relevancia del proceso quedó reflejada en su escala potencial. De acuerdo con Reuters (10 de enero), una eventual fusión habría alcanzado una valorización cercana a US$207.000 millones, superando la capitalización bursátil de BHP, que
bordea los US$161.000 millones. El mercado interpretó la negociación como un intento explícito por reordenar la jerarquía de la industria minera global.
Las reacciones bursátiles iniciales evidenciaron tanto el atractivo estratégico como los riesgos asociados. Las acciones de Glencore subieron entre 8 % y 10 %, impulsadas por expectativas de prima de control y una revalorización de su
portafolio cuprífero.
En contraste, los títulos de Rio Tinto retrocedieron hasta 6,4 % en una sola sesión, reflejando cautela frente a los desafíos de valoración, ejecución e integración de una operación de esta magnitud.
El cierre de las conversaciones confirmó los límites prácticos de una consolidación a gran escala. Diferencias en valoración, riesgos regulatorios y complejidades operacionales terminaron pesando más que las sinergias potenciales. La fusión no se materializó, pero los incentivos estructurales que la motivaron siguen presentes.
El contexto de mercado continúa siendo favorable. Los precios de los metales se mantienen en niveles elevados y las proyecciones oficiales han seguido ajustándose al alza. En ese marco, COCHILCO elevó en US$0,50 por libra su
estimación del precio del cobre para 2026, reforzando los incentivos para asegurar reservas, expandir escala y explorar estrategias de crecimiento inorgánico.
No es un fenómeno aislado. En 2025 se concretó la fusión entre Anglo American y Teck, dando origen a Anglo Teck, reflejo de la presión estructural que enfrenta la industria ante la escasez de proyectos greenfield, mayores requerimientos de
capital y plazos de desarrollo cada vez más extensos.
En este escenario, el liderazgo de BHP permanece intacto. Su posición responde menos a movimientos corporativos extraordinarios y más a una combinación difícil de replicar: escala operativa, disciplina financiera y una cartera de activos capaz de capturar el ciclo del cobre sin asumir riesgos excesivos de integración.
La pausa en las negociaciones entre Glencore y Rio Tinto no cierra el ciclo de consolidación, pero sí delimita sus márgenes. En un entorno de alta incertidumbre y presión estructural, el liderazgo se define más por ejecución que por anuncios.
Por ahora, la corona no cambia de manos.
