Oh I'm just counting

Senadora María de la Cruz fue la primera parlamentaria inhabilitada por corrupción en Chile. Fue acusada en 1953 de contrabando de relojes y entregar documentos al presidente de Argentina, general Perón

Por Benedicto Castillo, periodista y escritor

 

         La escritora María de la Cruz Toledo fue la primera mujer chilena, con 41 años, en ser elegida senadora. Obtuvo la mayoría absoluta en la elección parlamentaria complementaria, realizada en enero de 1953, convirtiéndose en la primera política en llegar al Senado, ocupando el sillón del recién fallecido Arturo Alessandri.

          María de la Cruz había sido la generalísima de la campaña del general de carabineros Carlos Ibáñez del Campo, cuando alcanzó su segunda presidencia (1952-1958). Era la presidenta del Partido Feminista de Chile, una organización constituida en 1946 por De la Cruz con un reducido grupo de entusiastas mujeres bastante conocidas en círculos sociales y políticos: Georgina Durán, periodista; Mimí Brieba, empresaria de boutiques; Elena Doll, aficionada política; Felicitas Klimpel, abogada, María Hamuy, doctora; y Matilde Ladrón de Guevara, periodista y escritora.

         Cuando María de la Cruz Toledo fue elegida senadora, con todo el apoyo del general Ibáñez, el partido adquirió mayor relevancia. De hecho, cuando en el verano de 1953 (20 febrero), el presidente de Argentina, general Juan Domingo Perón, visitó el país invitado por el presidente Ibáñez, el Partido Feminista le dio una recepción en una casa colonial, de propiedad de la exalcaldesa Alicia Cañas de Errázuriz. en el barrio alto de Santiago.

         Matilde Ladrón de Guevara describió en su libro autobiográfico, Leona de Invierno (1998. Ed. Sudamericana), el ambiente desbordante y de jolgorio de las mujeres junto a Perón, quien tenía una relación estrecha con Carlos Ibáñez, surgida durante los veinte años de exilio en Argentina. Y María de la Cruz había visitado a Perón en varias oportunidades.

         Pero al día siguiente estalló grave conflicto. Matilde relata en su libro que fue informada “por una compañera, muy suelta de cuerpo y como si se tratara de algo normal, que Perón nos había regalado una suma importante de dinero para que el partido funcionara mejor. Me pareció no solo descarada, sino corrupta su confesión”.

         En reunión ampliada Matilde expuso su rechazo a la donación y se dividieron las opiniones, terminando con una gresca descomunal. Matilde y otras veinte mujeres partieron a denunciar los hechos a El Diario Ilustrado, desatándose un escándalo de proporciones.

         Se acusó a la senadora de contrabandear relojes y realizar expediciones secretas hasta Argentina, desde donde “llegada avión especial para que ella viajara portando a Perón las copias de las sesiones secretas del Parlamento de Chile”, expuso en su citada obra Matilde Ladrón de Guevara.

         Ante los graves antecedentes, “para defender el honor de la mujer”, Matilde junto a Loreto Morandé de Alessandri y Ginna Maggi, interpusieron una solicitud de “inhabilidad” de la senadora María de la Cruz. Leyeron el contenido del escrito en los pasillos del Congreso y luego unas diez mujeres arrojaron unos mil billetes, copiados de la moneda argentina, desde el piso más alto hacia la planta baja, desparramándose sobre los escritorios.

 INHABILITADA POR EL SENADO

María de la Cruz no terminó su periodo. Fue desaforada luego de ser investigada por una comisión parlamentaria. El 4 de agosto de 1953 se votó su inhabilitación (21 votos a favor y 16 en contra) y la destituyeron por infringir el artículo 31, inciso 2º de la Constitución Política del Estado, por ser “agente en gestiones particulares de carácter administrativo”.

Matilde Ladrón de Guevara analizó la conducta de cientos de parlamentarios de diversos partidos. “Podría enumerar la cantidad de ‘patrioteros’ que frustraron la consigna ética de la honradez y no solo en el Senado (…) y las corrupciones siguieron avasallando los recintos de donde surgió esa inhabilitación propiciada por ingenuo patriotismo” (Op. Cit. Págs. 138,139,140.)